La APPO, autonomía ciudadana que trascendió a la religiosidad

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APPOPor Karina de la Paz Reyes/

Xalapa, Ver. La religiosidad que se apreció durante el movimiento social encabezado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) en 2006, fue un ejercicio de autonomía, pues asumieron la libertad de decidir en qué creer y en qué no seguir creyendo, como muestra está la Virgen de las Barricadas y el Santo Niño APPO, expuso la profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco, Margarita Zires.

Como parte de su trabajo, presentó en el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana la conferencia “Imaginarios del milagro y acción política en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO)”, el viernes 31 de octubre.

La académica trabajaba el símbolo y el mito guadalupano (sobre todo en representaciones como la pintura, el video, los programas de televisión, los exvotos) cuando de pronto vio en un periódico de circulación nacional una imagen de la Virgen de Guadalupe que lucía sobre una de las barricadas de la APPO. Fue tal la atracción, que llegó a Oaxaca para desarrollar una investigación sobre la religiosidad popular y la lucha social.

Tomó el término “imaginario” del filósofo Cornelius Castoriadis, quien lo plantea como algo instituido e instituyente, y se centró en dos figuras, creaciones de este movimiento social: El Santo Niño APPO y la Virgen de las Barricadas.

Zires recordó que la APPO tiene su origen en un movimiento magisterial, en un escenario preelectoral y en un contexto de vacío de poder; y que fue conformada por organizaciones sociales de diversa índole, luego de una “brutal” y “violenta” represión estatal a profesores, el 14 de junio de 2006.

De ahí que hubiera un viraje y pasara de exigir reivindicaciones sociales y económicas, a la destitución del entonces gobernador de Oaxaca, el priísta Ulises Ruiz Ortiz.

En el caminar de la APPO hubo acciones que distinguen al movimiento, como las estrategias de comunicación, para lo cual toman la televisora estatal y radios públicas y universitarias. “Son tomados con la conciencia de que los medios deben ser colectivos y públicos”.

Tras 20 días de que la televisora estatal estuvo bajo la operación de la APPO –por amas de casa, empleadas domésticas y más– para mantener informada a la población del transcurrir del movimiento, el Estado decidió destruir las antenas.

En respuesta, la noche del 21 de agosto fueron tomadas 12 estaciones de radio comerciales, por colonos que vivían cerca de ellas. “Fue una organización totalmente espontánea”. Del total, deciden quedarse sólo con dos, una de ellas fue Radio La Ley, que renombraron como La Ley del Pueblo.

Ante este panorama el Estado puso en las calles grupos parapoliciales que propiciaron asesinatos y desapariciones de personas, de ahí que la APPO contrarrespondió con barricadas en las calles. “Imagínense la ciudad de Oaxaca con mil barricadas en la noche”.8264812019_51ddf13a29

Precisamente, detalló, por Radio La Ley del Pueblo la gente convocaba o avisaba que el café ya estaba listo en tal o cual barricada.
El tiempo de las barricadas remite hablar de la comuna, porque se rompieron las estratificaciones sociales y la gente generó un clima comunitario como en las fiestas populares, apuntó la profesora-investigadora de la UAM-Xochimilco.
Para octubre y noviembre de 2006 ya había un desgaste y crispación al interior del movimiento social (aunque Radio Universidad la tuvieron tomada hasta el final) y terminó con una gran represión del Estado.

“Juan Diego no, porque era un sometido”
“Más allá, quiero subrayar dos cosas que pasaron durante todo este movimiento: que se creó un gran espacio de convivencia a través de las barricadas y, por otro lado, que en las medidas de resistencia se creó por parte de la gente una emoción de autogobierno, de autoorganización, que fue más allá de la resistencia y la gente empezó a organizarse.”

Tras una detallada narración del movimiento de la APPO, Margarita Zires explicó que el imaginario del milagro está basado en un género discursivo y conlleva a un conjunto de significaciones sociales imaginarias.

Mencionó nuevamente lo planteado por Castoriadis, de que el imaginario es algo instituido e instituyente, es decir, que se puede transformar.

Habló de varias manifestaciones religiosas que permearon al movimiento social y viceversa. Aunque se centró en la Virgen de las Barricadas y el Santo Niño APPO. La primera es la imagen comúnmente conocida pero estilizada: con máscara antigás, collar de alambre de púas y el manto luce llantas en llamas.

En el caso del Santo Niño APPO le distingue, entre otros elementos, una gorra con una estrella roja alusiva al luchador social Ernesto “El Che” Guevara y un carrito de supermercado con piedras y cohetones, algo típico en las manifestaciones.

“Los sentidos que adquiere esta figura son expresados de la siguiente manera: es un símbolo de fe en la lucha, de esperanza y unidad, de ánimo, de fortaleza. Son los términos que ellos utilizan. Solidaridad con los detenidos, una forma de expresar que siguen en pie de lucha y que están dispuestos a defender.”

Ellos no quisieron poner a Juan Diego, citó la Zires, porque lo consideran “un sometido”, en cambio al Santo Niño lo ven como un valiente. Para ellos significaba “el niño del pueblo” y era utilizado en las barricadas nocturnas para no ser acribillados en la lucha.

Es más, al Santo Niño APPO lo veían como el abogado de las causas contra la injusticia social, dijo.

“Considero que estas imágenes han contribuido a formular el dolor, el coraje, la impotencia y la frustración social de la APPO; han ayudado a algunos miembros de la APPO a vencer el miedo, a asumir que se perdió una gran batalla pero que no hay una derrota fatal. Han contribuido a separarse de una narrativa trágica ante la violenta represión. Es una narrativa dramática, pero no trágica.”

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