El pillaje, las explicaciones y la anarquía

Saqueadores habrían sido patrocinados por gente del poder
- en Opinión

La imagen es elocuente y terrorífica. Dos mujeres y un hombre, de visible condición suburbana, alzan un refrigerador de enorme puerta y lo intentan colocar en el toldo de un automovilito diminuto. Un “Chevy” viejo.

—Sí cabe, sí cabe—, se animan entre ellos. Hace apenas unos minutos se lo han robado de un centro comercial “vandalizado” (saqueado, sería mejor) durante una cadena interminable de protestas en todo México como respuesta social (e inducción politiquera) por un alza tremenda de los precios de la gasolina y otros combustibles; por los aumentos a la energía eléctrica y otras carestías del todo lejanas del sueño tecnocrático de un país colmado de reformas y promesas infecundas e incumplidas.

Y junto a los afanosos del refrigerador, la nevera, pues, corren los ladrones de pantallas, televisores, equipos de sonido o comida; botellas de ron, ropa. Es el México del incendio, del pillaje, de la asonada, de la manipulación  y el caos.

Hay otra imagen peor: un joven de notoria condición atlética con un polín en las manos, golpea los vitrales del edificio de gobierno de Nuevo León, en la ciudad de Monterrey. Casi simultáneamente un grupo hace bailar un automóvil tomándolo por debajo, hasta lograr su infecundo cometido: volcarlo y abandonarlo como un despojo.

Son escenas propias de un ejército en los momento de la ocupación de una ciudad vencida. El pillaje. Es como si pudiéramos trasladar estas imágenes de Esquilo.

Hemos dejado crecer el cachorro de un león y ahora, vuelto a su agreste y agresiva condición, se viene sobre notros. Aquí también se trata de sacar de cacería al fiero animal cuya silvestre condición habita bajo la delgada piel de nuestra “civilización” pulcra y ordenada. Mentira.

El salvaje regresa, cuando lo hacen regresar. Y una vez en las calles, no hay ley para someterlo.

La malentendida tolerancia, los derechos más allá del Derecho; la condescendencia, el disimulo, la llave liberadora de la presión, todo eso se vuelve ahora en contra nuestra.

El pretexto, la gasolina y sus precios. Pero pronto será otro; los desaparecidos, los hurtos públicos, la corrupción, el fraude electoral. Cualquier cosa real o invocada. Leamos al griego:

“La vieja ciudad de Príamo… llora…, condenada a los sufrimientos y a los cantos de duelo, desde que ella ha debido ver, en una cruel matanza, perecer a sus ciudadanos… Igual que cuando un hombre ha criado en su casa un cachorro de león… y lo ha visto, en los comienzos de su vida, lleno de mansedumbre, juguetear con los niños y divertir a los viejos… pero, con el tiempo, revela el instinto heredado de sus padres y, para pagar los cuidados de los que lo han criado, se invita a sí mismo a un festín de ovejas masacradas… La casa ha criado a un sacerdote de la Ruina, enviado por el Cielo”.

“Sacerdote de la ruina”. Frase cuya resonancia ha traspasado los siglos. ¿Y si Esquilo hubiera tenido Twitter?

La policía detiene a cien y pronto soltará a doscientos. Es la vida nacional en el caos, en un país donde la protesta social (así llamada) es una muy rentable actividad tolerada como parte de los controles políticos y el consentimiento de la oposición.

Las revueltas, pillajes, motines y bloqueos, todo eso junto, ocurrido recientemente en algunos estados de la República Mexicana con motivo o pretexto del alza de las gasolinas y otros combustibles, aunados a la decepción por las promesas incumplidas y las ofertas olvidadas, impusieron durante algunas horas y en espacios muy localizados, un estado caótico; inestable, alejado de toda posibilidad real de control, así hubieran querido promoverlo quienes azuzaron la asonada en los primeros momentos bajo el disfraz de la manifestación civil y civilizada.

Cuando uno mira la marabunta voraz en las tiendas de autoservicio o los supermercados o las modernas misceláneas de refrigeradores impecables, y la rabia en estallido  con la cual se lanzan los manifestantes contra todo y contra todos, se da cuenta del tamaño de los Poderes Destructivos y el peligro del flujo incontrolado e incontrolable de información y estímulos, convocatorias, llamados y demás, distribuidos por las impunes “redes sociales”.

Recordemos esto publicado por Crónica: a través de doscientas cinco cuentas de Facebook y Twitter (entre otras miles no detectadas o localizadas), manos anónimas atizaron la fogata de las inconformidades y promovieron saqueos, miedo, sicosis y pillaje. Nadie será castigado. La impunidad es una hija natural del motín, del sabotaje.

Apenas un apunte: ¿en verdad es imposible regular, supervisar y controlar las redes? ¿Vamos a vivir siempre en esta anarquía plena de convocatorias peligrosas? No lo sabe esta columna.

La quebradura de cristales, los jaloneos, las cercas abatidas, los robos incomprensibles, el saqueo in justificable y ajeno a la materia misma de la protesta; las furias desatadas como viejas hordas en la impune cobranza de un botín de guerra en la ciudad vencida. Eso hemos visto descarnadamente.

—¿Y todo eso va a causar el descenso de los precios de gasolinas e hidrocarburos?

Obviamente no, pero no es ésa la finalidad.

También hay quien encuentra explicaciones cuya hondura sociológica a fin de cuentas no es sino una justificación: son los habitantes pobres de las barriadas, hartos de una vida sin satisfactores, miseria y pocas oportunidades. Son los desheredados, los abandonados, los de abajo, los olvidados,los condenados de la tierra (o cualquier otro título heroico tomado de Azuela, Buñuel o Frantz Fanon). Pero la antropología no debería borrar el Código Penal.

Se trata —con estos actos de anarquía tolerada, pues a fin de cuentas nadie resulta justamente castigado—, de aumentar las duras circunstancias de una vida difícil agravada por la carestía, se trata de probar, exhibir, demostrar cómo el gobierno no gobierna y cuando lo hace nos daña y perjudica. Pura manipulación. Como dijo León Trotsky:

“Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor”.

Hoy esa organización ubicua, anónima, invisible, incontrolable, impune, la crean las redes sociales, las cuales, por verdad, no actúan solas; alguien  las induce como lo hicieron en la mal llamada “·Primavera Árabe”, cuyo mejor resultado es la guerra en Siria o la regresión política en Egipto y Túnez.

Quizá por eso el presidente, hundido en el lamento público y cotidiano; arrinconado en la esquina de la incomprensión y la censura, descalificado como nunca antes por muchas voces, acosado y acorralado ha hecho un diagnóstico político muy importante:

“…cuando se toman decisiones difíciles y decisiones impopulares, entonces, pocos son los que se ponen del lado de la razón y es muy fácil ponerse del lado de las emociones y de quienes están en contra.

“Incluso, me llaman la atención aquellos críticos que en el pasado eran promotores, precisamente, de que se liberalizara el precio de la gasolina y hoy, no entienden o no quieren entender el porqué se ha tomado esta decisión.

“Veo a los partidos políticos queriendo encontrar culpas entre unos y otros por esta medida.

“Veo a los partidos políticos y a algunas organizaciones queriendo tomar ventaja y aprovechar esta coyuntura y queriendo encontrar, además, culpables de por qué esta decisión”.

FOTOGRAFÍA

Acaba de publicarse el libro antológico de fotografía periodística, “Así lo vi; cincuenta años de fotoperiodismo”, de Aarón Sánchez, uno de los mejores reporteros gráficos de los últimos años en México.

Gracias por haberme permitido escribir el prólogo y gracias por dejarnos ordenadas y a la mano estas imágenes de la vida actual.

LÓGICA

Entre las peores ideas de Donald Trump está obligar a México a pagar por el muro. Y México debería desde ahora iniciar una gran controversia jurídica internacional para evitar este despojo. Si Trump quiere hacer una muralla de tres mil kilómetros o cavar un foso mayor al Cañón del Colorado es su idea y su problema, ¿pero obligar a un Estado soberano a pagar los costos, es un acto de guerra. Guerra económica, pero guerra al fin.

Pero hay un  antecedente: los gringos del siglo XIX le hicieron pagar a México una “Contribución de guerra” cuyos fondos sirvieron para sufragar la ocupación de la ciudad de México por las tropas invasoras (“México en guerra (1846-1848) Conaculta.1997).

Y si bien desde el tratado de Guadalupe Hidalgo se establece el derecho de cada república de fortificar sus fronteras, nunca se habla de pedirle el otro el pago de esas fortificaciones. Lo dicho: Trump está loco y más el mundo en el cual domina.
rafael.cardona.sandoval@nullgmail.com
elcristalazouno@nullhotmail.com

 

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