Robo de gasolina, o predicando con el ejemplo

Miguel Osorio Chong el país se desangra mientras el señor anda en campaña a la presidencia

Quiero […] expresar mis más sentidas condolencias a los familiares y compañeros soldados del Ejército mexicano, que lamentablemente perdieron la vida en el cumplimiento de su deber, en el estado de Puebla. Reitero mi más enérgica condena a los cobardes actos de agresión en contra del personal del Ejército mexicano. El Gobierno de la República aplicará todo el peso de la Ley a los responsables. El robo de combustible, hay que decirlo y tenerlo presente, es un delito. Quienes lo practican, exponen a sus familias y dañan a sus comunidades. La delincuencia organizada engaña y utiliza a la población para cometer el ilícito. La mejor acción para combatir el robo de combustible es la denuncia ciudadana. He dado indicaciones a las Secretarías de la Defensa Nacional, Marina, y Hacienda, a la Procuraduría General de la República, y a la Dirección de Pemex, para instrumentar una estrategia integral para combatir este ilícito en toda la geografía nacional. Trabajaremos de cerca con las autoridades del Gobierno de Puebla para coordinar esfuerzos hasta desmantelar por completo a las bandas delictivas que a ello se dedican. (Enrique Peña Nieto, 5-mayo-2017)

Los elementos del Ejército Mexicano fueron agredidos la noche de este miércoles 3 de mayo por ladrones de combustible después de que hallaran una toma clandestina. Los huachicoleros fueron alertados de la presencia de las fuerzas castrenses por los propios pobladores de Quecholac. (Periódico Central, 3-mayo-2017)

Al principio no quería [comprar gasolina], pero al darme cuenta de cómo se maneja el Gobierno, que ellos sí pueden robarnos… yo sé que lo que hago es un delito, pero también ellos lo cometen./ (“Diana”, declaración a Efe, Sin Embargo, 6-mayo-2017)

Es sabido que los llamados a modificar conductas son infructuosos cuando las de los propios convocantes no son consecuentes. Y es algo conocido porque ocurre en nuestras casas, inclusive. Pedir a los hijos que estudien o que no fumen ni tomen, es fútil cuando los padres no dan muestras de orientarse por lo que pregonan. Naturalmente, si en el espacio de lo privado no es sencillo fomentar ni mantener una disciplina de lo que se considera “correcto”, qué duda cabe que en la arena de lo público, la anarquía y los excesos sean la ruta de la “normalidad”. Máxime, cuando el referente obligado, la autoridad, pone ejemplos de malas prácticas e incumplimiento del deber, que se dejan ver por vía del pernicioso cáncer de la corrupción y la impunidad.

El 5 de mayo, en la celebración del aniversario de la Batalla de Puebla, en la capital del país, Enrique Peña Nieto se solidarizó con los miembros de las fuerzas armadas que perdieron la vida en un enfrentamiento ocurrido en Palmarito Tochapan, municipio de Quecholac, Puebla la noche del miércoles 3. Condenó los “cobardes actos de agresión” infligidos a los militares por la delincuencia organizada, la cual, aseveró, engaña y utiliza a la población para hurtar gasolina. El presidente dijo lo que dijo, en el Campo Marte, cobijado por la grey castrense, lleno de reflectores y aplausos zalameros. Desde ahí, ¡cómo no va sentirse con la suficiencia para hacer tan enérgico discurso!

Sin embargo, parece que el primer mandatario no fue informado que en el suceso también hubo civiles muertos, pues éstos no le merecieron una debida mención. Tal parece que, sea en Puebla, Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo, o en cualquier parte de la geografía nacional, si el fallecimiento no es de algún militar, resulta irrelevante para el gobierno de la República. Más bien, Peña prefirió lanzar la advertencia que el robo de combustible es un delito y que quienes lo practican, exponen a sus familias y dañan a sus comunidades. Y agregó que giró instrucciones de desmantelar a las bandas delictivas relacionadas.

Desafortunadamente, la política de mano dura que pretende demostrarse ante los actos ilegales, no tiene un conexo de mayor proyección, tanto social como económica, que complemente el propósito de la fuerza. En efecto, como se lee arriba, la “estrategia integral” anunciada no incluye a los encargados de las secretarías de Desarrollo Social, Salud, Economía, ni Educación. Con ello, el gobierno peñista soslaya, por no decir que olvida, la imperiosa necesidad de fortalecer la agenda social y la generación de empleos. Porque, en el caso de Palmarito, ¿cómo explicarnos que un niño de 11 años, un “halconcito de los huachicoleros”, se ufane al decir que él ya no estudia sino que trabaja y gana 12 mil pesos al mes, lo que es cuatro veces más de lo que gana su padre, según relató el propio gobernador poblano Gali Fayad?

Dice el presidente que la mejor acción para combatir el delito es la denuncia ciudadana. Nuevamente, desde la comodidad de vivir cobijado las 24 horas del día por el Estado Mayor, es fácil discursear. Pero valdría la pena que Peña Nieto piense en el grado de confianza que le inspira al ciudadano de a pié la supuesta protección y certidumbre jurídica que brindan las instituciones del Estado. Es dominio público que la mayoría de ellas son una verdadera desgracia; y no es raro enterarnos que el que entra como denunciante e inocente, a un ministerio público, sale como imputado y culpable.

Ante lo afirmado por el mandatario, cabe preguntar si habrá robos que no configuren delito. Puede que sí, y “Diana” lo ilustra, al manifestar que, si bien inicialmente no deseaba comprar gasolina robada, al darse cuenta “de cómo se maneja el Gobierno, que ellos sí pueden robarnos…”, aceptó ser parte del problema. Ahí está el meollo del asunto: Peña Nieto se indigna de los huachicoleros, y que la población se coluda con ellos, los proteja, y sea parte del ilícito. Pero tanto en el imaginario social como en los hechos, está la percepción que el gobierno es el primero en realizar aquellos actos que no quiere que la población cometa. ¿Qué nos dice el presidente de asuntos tan sonados como los nexos público-privados del tipo OHL, Odebrecht, o Higa?, ¿qué comenta sobre adquisiciones como la Casa Blanca o la Casa Malinalco del canciller visionario?, o ¿qué informa sobre los temas Duarte, Yarrington, etcétera? En síntesis, si el gobierno se conduce como lo hace, lo menos que debe esperar es que la ciudadanía, sobre todo los sectores más desprotegidos, se comporte como la autoridad no lo hace.

Por cierto, y como corolario: ¿Dónde quedó la Segob y su súper-secretario, que no aparecen como parte del la “estrategia integral”?

Comentarios

  1. El ejército nacional está enfrentando al crimen organizado mismo que se encuentra mejor armado y organizado como en ningún momento de la historia, esto resultado de el gran acopio de recursos económicos por delitos tan diferentes como trasiego de drogas, cobro de derechos de piso a ciudadanos honestos o a delincuentes menores y medianos -robos a casa habitación, de autos, etc- lo que permite la adquisición de armamento con el que han sometido a las policías municipales y estatales. La gran corrupción del aparato político mexicano que con su omisión o su participación activa han dejado operar, crecer y fortalecer la delincuencia hasta llegar a ser organizada y con coberturas en grandes extensiones del territorio nacional como para ser en este momento una seria amenaza para la sociedad y sus instituciones. El ejército se conforma afortunadamente por ciudadanos mexicanos como cualquier otro, padres que juegan con sus hijos, esposos que aman a la compañera y a los hijos, que aspiran a conformar un patrimonio y educar a la familia, hijos que dan un beso a la madre y confían sus cuitas a los padres; sin embargo su jornada laboral en las condiciones actuales es en el medio de la sociedad, dentro de sus ciudades o pueblos, con mujeres, niños y hombres en su alrededor, a plena vista de los halcones de los delincuentes y expuestos al ataque intempestivo de los miembros de la delincuencia, este factor sorpresa y escenarios complejos en el que tienen que preservar la vida de los ciudadanos pero que al mismo tiempo no saben cual es el verdadero enemigo los hace muy vulnerables. Ellos no participan en un campo de batalla bien definido, donde los bandos se enfrentan bajo las reglas de las estrategias de la guerra, es necesario defender a estos hombres y mujeres que de manera cotidiana preservan el estado de derecho en el país y aceptar que son la última barrera que evita que políticos corruptos y deshonestos y delincuencia organizada se apoderen del país, urge depurar las policías federales, estatales y municipales para abatir los factores que favorecen la persistencia de grupos políticos corrompidos y delincuentes con capacidad de atacar a las instituciones y sociedad mexicana. Unos y otros no tendrían ninguna posibilidad de vencer o hacer el mínimo daño a un ejército y marina armadas de México si se tratase de una guerra frontal, pero se escudan como los verdaderos cobardes que son colocándose por detrás de las instituciones -partidos políticos, alcaldías, diputaciones, senadurías, secretarías y misma presidencia- o detras de los ciudadanos comunes. La depuración debe iniciar por la Secretaría de Gobierno federal ya que se están permitiendo muchos escenarios que nos ponen al borde de las soluciones radicales con tal de preservar el poder. y una petición personal, que los miembros de las fuerzas armadas y policiacas del país no tengan la obligación de saludar a todos aquellos políticos que los mismos militares o policías saben están involucrados con el crimen organizado, es una ofensa a la honorabilidad y disciplina de las corporaciones.

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