Hambre, desnutrición y los objetivos de la ciencia/La ciencia desde el Macultépetl

Foto: ABC color
- en Opinión

Más de 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre debido a sequías y a conflictos en Yemen, Somalia, Sudán del Sur y el noroeste de Nigeria, mientras más de 100 millones enfrentan malnutrición aguda en todo el mundo, según la ONU.

Tuvimos que comer césped para sobrevivir. Mis hijos estaban despiertos toda la noche llorando porque tenían hambre, comentó una mujer que huyó de Siria a Jordania con su familia. El número de personas que huyen de un país aumenta en 1.9 por ciento por cada incremento porcentual de la inseguridad alimentaria, dijo el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU en el primer reporte que analiza en forma amplia el vínculo entre la hambruna y las migraciones.

En contraste, y paradójicamente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés)  informa que la venta de comida ultraprocesada creció 48% en América Latina en 13 años, indicando que la desnutrición y sobrepeso se derivan de la falta o renuncia a una ingesta saludable; las personas pobres comen menos proteínas y más carbohidratos, la dieta más barata.

En los países latinoamericanos se estima que la venta de productos ultraprocesados aumentó 48 por ciento en poco más de una década (2000-2013), por lo que la región se ubica en el cuarto lugar mundial en la venta de alimentos ultraprocesados con 129.6 kilográmos per cápita, alerta la FAO en el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2016.

La región concentra ya 16 por ciento de las ventas totales de alimentos ultraprocesados, lo que representa un crecimiento anual de 3.1 por ciento, es decir, por arriba del promedio mundial, de 2.8 por ciento.

El informe anual, que por primera ocasión se realizó en colaboración con las organizaciones Mundial de la Salud (OMS) y Panamericana de la Salud (OPS), destaca que pese a los avances en la atención a las deficiencias nutricionales de la población, aún subsiste el hambre, la desnutrición, el sobrepeso y la obesidad, debido, entre otras causas, a la falta de acceso a una alimentación saludable, pues señala que existe un cambio en los patrones de alimentación.

Se observa en la región, agrega, una disminución de preparaciones culinarias tradicionales basadas en alimentos frescos y consumidas en el hogar, frente a una ingesta cada vez mayor de productos ultraprocesados con baja densidad de nutrientes pero con alto contenido de azúcares, sodio y grasas, lo que ha contribuido a la persistencia de la malnutrición en todas sus formas y a la disminución de la calidad de vida. Este esquema alimenticio, advierte, afecta más a la población en condición de pobreza.

Hambre y desnutrición por consumo de alimentos  ultraprocesados, uno de los aspectos de las miserables condiciones de vida a que empuja el modo de producción capitalista, en su etapa  “neoliberal”, a miles de millones de habitantes de este planeta; complementándose con la inhumana explotación del trabajo y la depredación y destrucción del medio ambiente planetario.

Ante esta inaceptable realidad, a partir de los años sesenta la buena conciencia de la comunidad científica ha entrado en crisis, llevando a muchos de sus miembros a interrogarse sobre la naturaleza y finalidad de su trabajo; las relaciones entre investigación científica y tecnología militar, o su aprovechamiento por las grandes empresas, v.g. Monsanto, en detrimento de la salud y bienestar de comunidades enteras y en perjuicio del medio ambiente global.

Estas relaciones –se preguntan algunos- ¿son puramente casuales? Y se trata de dilucidar en qué  medida la ciencia es neutral. O a favor de quién es neutral. Entre estos científicos preocupados por el impacto social de su quehacer, se cuenta Brian Elsea, físico matemático quien fuera profesor de historia y estudios sociales de la ciencia en la Universidad de Sussex, en Gran Bretaña.

Elsea, en su libro La liberación social y los objetivos de la ciencia, nos presenta la necesidad de una transformación radical de la sociedad, de un cambio entendido como un “cambio de paradigma”. La superación de una forma de vida basada en la explotación, la falta de libertad, la miseria y hambre de la mayoría, la agresividad y el despilfarro, aparece como una condición imprescindible para la supervivencia del género humano, atrapado entre la amenaza de una guerra o del desastre ecológico y la realidad de una sociedad irracional y, prácticamente, virtual.

Para conseguir una sociedad liberada, alojada en un mundo bello, necesitaremos también –añade Elsea- una ciencia nueva, orientada por valores más humanos, y no solamente para acrecentar el crecimiento económico de países y empresas transnacionales a costa del bienestar de las personas. Pues ciencia y sociedad no son dos realidades separadas.

Agregando que los problemas globales –pobreza, hambre, devastación ambiental, cambio climático-  no pueden resolverse dentro del marco institucional y de la estructura de clases de las sociedades occidentales sino que, para una solución satisfactoria, requieren la construcción de un orden social radicalmente distinto. La adopción de un nuevo paradigma por parte de las diversas naciones constituye, concluyo con Elsea, una condición previa para poder marchar con paso seguro por los caminos de la construcción de un mundo bello y sustentable.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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