¿Por dónde comenzar?/La ciencia desde el Macultépetl

Plumas Libres
- en Opinión

Nadie valora más el agua que una mujer campesina que tiene que andar

varios kilómetros para poder llenar su cántaro.

Nadie la valora menos que los habitantes de las ciudades,

que pagan para que fluya indefinidamente con sólo abrir un grifo.

Arundhati Roy, en El álgebra de la justicia infinita.

Cuando la guerra es la paz y la violencia se convierte en sinónimo de seguridad, me pregunto: ¿En dónde estamos? ¿Cómo haremos para salir adelante? ¿De qué manera devolveremos al lenguaje su función? ¿Cómo distinguir la verdad de la mentira? ¿Por dónde comenzar?

Cada vez que escucho la propaganda difundida por los medios acerca de la escasez de tal o cual bien, algo en mi interior me llama a estar alerta. Si por un lado se habla de que hay que cuidar el agua, que es un bien precioso,  por el otro vemos como muy calladamente el proceso de privatización de este bien indispensable avanza a pasos agigantados. No se invierte, por parte del estado, en garantizar el abasto de agua potable a la población pero, sin hacer muchas olas, se ofrecen toda clase de alicientes –legales e ilegales- para que la corporación Coca Cola se apropie de las fuentes del preciado líquido a un costo irrisorio, y luego la venda embotellada a un precio cien veces mayor.

Y es que el control ideológico funciona bastante bien; todo esto que vivimos se nos presenta como “natural”: es natural que se privatice el agua, los hidrocarburos, la producción y distribución de la energía eléctrica, la educación, el conocimiento…

Las interrogantes persisten. Cuando todos los ríos, valles y bosques del mundo tengan un precio de “mercado” y un código de barras –plantea la escritora Arundhati Roy- y estén cuidadosamente embalados y colocados en los estantes del supermercado local, y cuando todo el heno, y el carbón, y la tierra y los bosques, hayan sido  convertidos en oro, ¿qué haremos con él? ¿Bombas atómicas, para acabar con lo que haya quedado  de las esquilmadas zonas agrícolas y las naciones puramente virtuales de nuestro mundo en ruinas?

Terribles palabras de una de las pensadoras más lúcidas de nuestros días. Para intentar darse una respuesta, Roy –inspirada en cuentos del folklor alemán- imagina  un rey, Rumpelstiltskin,   que es “distinto de cualquiera que haya conocido el mundo. Su reino es el frío capital, sus conquistas, los mercados emergentes; sus oraciones, el beneficio; sus fronteras, ilimitadas; sus armas, nucleares. Tratar de imaginarlo, intentar verlo mentalmente en su totalidad, es situarse al borde de la locura, arriesgarse a hacer el más espantoso de los ridículos. Rumpelstiltskin es un rey que nunca se manifiesta por completo; cuando se deja ver, sólo muestra una parte de sí mismo. Su corazón es una cuenta corriente. Sus ojos son televisores, y su nariz es un periódico, y en ellos sólo ves lo que quiere que veas y lees lo que quiere que leas… Pero hay más: su boca es un amplificador estereofónico que aumenta el volumen de su voz y elimina cualquier sonido procedente del resto del mundo, de modo que no puedes oír nada aunque toda la humanidad esté gritando (o muriéndose de hambre o enfermedad). Sólo oyes el suave murmullo de Rumpelstiltskin, que arrastra las erres con el característico acento estadounidense.”

¿Cómo mantener la cordura ante este terrible rey, si tan sólo intentar verlo mentalmente en su totalidad, es situarse al borde de la locura?

A Rumpelstiltskin, en apariencia,  le va muy bien. Aunque  parece una fantasía es una manifestación real, espuria e insidiosa, de la lógica del capital transnacional. Aparentemente tiene la sartén por el mango, sigue creyendo ser el rey, el rey de lo que realmente cuenta, es decir, del dinero. Nos ha persuadido, hasta ahora, de que es lo único que nos queda. Nuestra única salvación.

Sin embargo, al rey gnomo no siempre le va bien y en estos días no las tiene todas consigo. Las luchas locales, como el movimiento indígena encabezado por el EZLN, y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, con el poeta Javier Sicilia al frente, se enlazan de alguna manera con las  luchas globales, como el naciente movimiento de los indignados que se expresa en una diversidad de países. Por doquier germina la semilla de la indignación y la rebeldía.

Entonces tal vez la pregunta no sea ¿por dónde comenzar?, sino ¿por dónde le seguimos, cómo nos organizamos para enviar a Rumpelstiltskin de vuelta al mundo de los cuentos folclóricos?

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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