Hombres dotados

Por Lunacia

Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista: tienes que leer…José Saramago

Panchito llegó al gym buscando hacer ejercicio para verse mejor, para bajar ese peso excesivo en su cuerpo y que ya le genera problemas de salud, exceso de apatía, ocio y una mala alimentación. También, busca sacar toda la adrenalina que puede sentir y mostrar que su fuerza de macho sigue vigente, con todo poder y presencia, levantando pesas con mucho peso, convertirse en un hombre bien dotado, como el estereotipo de hombre que demanda la sociedad.
Con su nuevo outfit deportivo y un entrenador personalizado, comenzó a tomar sus clases sin dejar de mirarse al espejo y compararse algunas veces con fotografías que se muestran en el gym de hombres musculosos y fuertes. El primer día llego a su casa y durmió muy bien, cansado, liberado del estrés, relajado, al despertar al otro día, su cuerpo estaba muy adolorido y apenas lograba moverse.
Pasaron 5 días y llegar al gym para panchito era todo un reto, intentaba levantar más peso con su fuerza, se daba cuenta que tener esa actividad era una atracción para las mujeres, tenía su atención, que su Sex Apple tenia cierto poder sobre ellas como un “objeto de buen ver” sus músculos, su cuerpo y esa actitud egocéntrica de que todo lo puede y lo merece, por ser un buen macho ocupado en sí mismo, para complacerlas a ellas, era algo natural, como dice el dominio público. Aunque su cultura literaria no sea parte de su entrenamiento físico y mental, completo, Panchito es respetado por su condición de superioridad masculina. Y muchos lectores se preguntaran o afirmaran algo al respecto, pero si eso no importa, uno hace lo que quiere y como quiere, pero solo en la cotidianidad los hombres pueden, de las mujeres se duda, se sospecha o se desconfía, así se asume socialmente.
La cultura de mentalidad machista espera que nos dividamos como personas, que separemos mente, físico y emociones ¿Por qué no unir todas? ¿Por qué no ser una persona completa? si hay muchas cosas que hacer y en las cuales podemos desarrollar habilidades, capacidades, encontrar otras mejores opciones de ¿vida y salud para nuestras vidas?
Panchito se encontraba en ese mundo de los gimnasios donde la mayoría de la población son hombres, entre machos solidarios que comparten su condición social única y reconocida, por virilidad, por egocentrismo, por esos privilegios asumidos como “normales” porque lo merecen ante su sola condición de mostrarse públicamente como machos que hacen todo un culto a su cuerpo y fuerza, levantando la voz, haciendo bromas sexistas entre ellos, compitiendo con sus fuerzas o motivando su poder físico o solo racional, quien aguanta más peso y no se queja es más macho reconocido en el grupo y se hace alarde de su presencia y apariencia.
El trato maternal laboral
Como en muchos espacios laborales, en un gym, a veces un hombre es tratado como un niño que necesita muestras de afecto y motivación, llamándolos por su nombre en diminutivo aunque ya sean adultos, justificando sus irresponsables acciones, porque se les comprende, como si fuera hacerlos sentir acompañados de la madre que les brindo tanta atención en casa, con su actitud sumisa familiar conocida y asumida como normal, porque a lo mejor ni el padre les dio ese buen trato, en esta sociedad. A las mujeres se nos trata con esas formas de mando, a las que tenemos que obedecer porque si no nos reclaman, regañan, nos vigilan, sobre todo si tenemos un carácter decidido, seguro, honesto, si somos profesionales en un trabajo. Imagina ¿cómo es en un gimnasio ese trato hacia nosotras de las que esperan una conducta estereotipada, complaciente y obediente? Y a veces, hasta quieren decirnos ¿cómo hacer nuestro trabajo? Es muy visible esa compasión que le tienen a un hombre machín, en cualquier lugar, de victimizarlos por lo que sea, sobre todo cuando las mujeres logramos entrar a espacios laborales con más capacidad que ellos. ¿Te has fijado en eso?
Esa cultura de “trato materno hacia los hombres” que muchas mexicanas no superan, tengan la edad que sea, sean jefas en un trabajo o dueñas de algún gimnasio por ejemplo, es muy generalizada en nuestro país. Cuando las mujeres se relacionan con ellos, sea en amistad, trabajo y otros, es nociva esa postura materna para las relaciones entre mujeres y hombres, pues son construidas desde nuestra inexistencia como personas, desde esa condición de inferiores al servicio de ellos, como sustituir a una madre que solo eso hizo con un hijo y que jamás le aportó algo significativo a su vida y condición de hombre como persona, que no es raro de una madre sumisa desde varios niveles, adaptada a un contexto familiar dominado por otro hombre, el padre. Y que lamentablemente, no es una condición social superada todavía, en las relaciones laborales.

Los profesionales
Cualquier capacitación requiere de lecturas para formarse como profesional en un trabajo y en el caso de los instructores de un gimnasio, tener un método de enseñanza, que proporcione ese servicio de la mejor manera, pero es más promovida la “competencia deportiva machista” entre la gente, el que aguanten expresiones verbales con cierta connotación sexista, machista, autoritaria o intimidante, lo que es aplaudido por esos machines que todo lo pueden hacer, aunque jamás reflexionen desde una racionalidad crítica o complementen su vida saludable con el hábito de la lectura, según la cultura, sería una rara combinación o simplemente por ser profesionales en su ejercicio laboral. Una ironía de hacer ejercicio con la “mente sana en cuerpo sano “dice el dominio público y obviamente es territorio ocupado con mayoría de hombres, donde se hace lo que ellos quieren y en muchos casos, la gente así lo acepta sin reclamar un buen trato, hacia su persona.

No faltan los narcisos que hacen toda una parodia con sus cuerpos musculosos grotescos y embarrados de aceite para que la piel brille y con eso se sientan sensuales, atractivos y muy machos mirándose en un espejo. Las mujeres solo van a hacer glúteo, muslo, busto y cintura entre otros para liberar estrés, socializar con amigas y mirarse en un espejo con su ropa y apariencia física, otro estereotipo social que se demanda para nosotras y donde “calladitas se ven bonitas”.
Es un lugar donde podemos encontrar a muchos “hombres dotados” en esta cultura diversa de machismos a lo deportivo, ellos casi siempre acaparan un territorio, dirigen un espacio, se hacen visibles todo el tiempo, con su estado mental que asume que todo lo merece, que todo lo puede, que todo lo tiene sin el menor esfuerzo y con la complacencia de muchas mujeres a sus pies y donde todo es “excelente”, “perfecto”.
Pocas son las mujeres que trabajan en un gym ¿te has fijado en eso? obviamente también su sueldo es más bajo que el de los hombres o nos cuesta doble trabajo tener la atención de la gente que acostumbra ir a un gimnasio buscando un instructor, ya que un hombre tiene más “autoridad” que una mujer aunque no sea mejor capacitado y eso se nota cuando la misma gente, busca un instructor hombre más que a una mujer. Otra paradoja, de personas que hacen deporte y que se acostumbra a recibir cierto trato de mando-obediencia.
Los gimnasios donde la gente acude a hacer ejercicio, para bajar de peso, para “hacer de su cuerpo una máquina” presentable físicamente que casi se transforme a la perfección son un gran negocio del estereotipo femenino y masculino en nuestra sociedad mexicana. Tanto hombres como mujeres son personificados en fotografías con cuerpos casi perfectos y con gente blanca, rubios, de ojos de color, etc. algo completamente fuera de esta realidad mexicana, donde el mexicano no tiene esas apariencias físicas como tal. Un gimnasio además, te vende accesorios para tus rutinas, ropa y alimentos que te ayudan a cierta nutrición para moldear más tu cuerpo o músculos.
Si observas un gimnasio, te darás cuenta de cuantas formas de estereotiparnos como mujeres y hombres podemos ver en un lugar pequeño, de cómo podemos ser tratadas con esos parámetros sociales que nos miden, nos evalúan y nos condicionan desde una idea de “belleza femenina” obviamente desde cierta mirada masculina hacia nosotras como si fuéramos inferiores y complacientes a la vista de un hombre que “domina y manda” en esta sociedad, sobre nuestra apariencia física o presencia ante los demás.
¿Te has fijado en cómo es tratada una mujer en un gimnasio, donde la mayoría son hombres que dirigen y controlan el espacio? ¿Te has fijado como te trata una mujer cuando es instructora de alguna disciplina deportiva?

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