Siempre hay que tener la cámara en mano; la oportunidad es lo primero: Leopoldo Soto

Los retratos de los cineastas Theo Angelopoulos y Jean-Luc Godard son parte de la muestra

Por Merry MacMasters/

Ciudad de México. (La Jornada). Siempre hay que tener la cámara en la mano, dice el fotógrafo Leopoldo Soto. Eso es lo que ha hecho precisamente a lo largo de casi medio siglo, con inclinación hacia el cinema, aunque no del todo como lo demuestran las fotografías que exhibe, con el título Rostros del cine a través de la lente de Leopoldo Soto, en el espacio cultural Embajador Vicente Muñiz Arroyo en la embajada de México en Uruguay, exposición que de alguna manera reúne sus recuerdos, a la vez que éstos sirven de testimonios. Además de fotos de Constantin Costa-Gavras, Jean-Luc Godard, Miguel Littin y Theo Angelopoulos, hay una de Luis Barragán.

Son imágenes que Soto ha tomado durante sus viajes por los diferentes festivales de cine del mundo. Cada foto tiene una historia detrás y en muchos de los casos, como la de Angelopoulos, tuvo la suerte de enseñársela y recibir su aprobación, o desaprobación como en el caso del arquitecto Barragán. Expresa: Hacía un bonito atardecer aunque a él no le gustó tanto el momento, porque era una luz natural. Estaba con una boina vasca. Nunca había visto fotos de él así porque cuidaba mucho su aspecto. Prefería salir más serio, más elegante.

Si también escribe es porque su primer jefe, Guillermo Chao, le decía: si no te gusta el texto, escríbelo tú. La primera vez que Soto tuvo la oportunidad de publicar fue en la revista Hoy al cubrir sociales. Después pasó a Playboy; sin embargo, siempre tuvo un fuerte vínculo con Tizoc Rodríguez, de ahí que montaron un estudio fotográfico, ya que en ese tiempo don Ismael no estaba dirigiendo y les prestó su oficina en el condominio de productores.

Igualmente se llevaba con Roberto Gavaldón, con cuyo hijo había estudiado: “Después nos invitó a trabajar en su última película, Cuando tejen las arañas. La ambientamos Pepito Romay (hijo de Joselito Rodríguez) y yo. De allí seguí con la fotografía. Luego tuve la suerte de ser premiado en la segunda bienal de fotografía, por 1980; entonces lo tomé más en serio. Me compré una cámara más grande”.

En cierto momento expuso en el Festival Internacional Cervantino, donde conoció al actual embajador en Uruguay, Francisco Arroyo Vieyra. Gracias a esa exposición entró en contacto con el equipo que filmaba Antonieta (1982), de Carlos Saura, en San Luis Potosí. Un domingo fueron a Guanajuato Saura, Isabel Adjani, Gonzalo Vega y Teo Escamilla, director de fotografía. “Al ver a este último me fui para atrás. El acaba de filmar Bodas de sangre, uno de los más grandes musicales que he visto en mi vida. Le pregunté qué se necesitaba para estar en el rodaje. Me dijo, sin ningún protocolo, te espero el lunes en San Luis Potosí. Dejé mis cosas y fui para allá”, afirmó.

“También trabajé con él en El dorado, de Saura; me le pegué como fotógrafo. Aproveché cuando estaba en México con Juan Ibáñez, que filmaba, no cine, sino los comerciales de Domecq con Gabriel Figueroa. Mi amistad con Theo duró hasta que murió, en 1997.”

Soto retrató a Woody Allen al tocar en el Festival de Jazz de Montreal “porque en el set es prácticamente imposible acceder y cuando toca en Nueva York tampoco permite fotografías”. Su acercamiento con Almodóvar fue durante el festival de Cannes. A Costa-Gavras lo captó cuando éste entraba a registrarse en el hotel Nacional, en La Habana. Para Soto la oportunidad es lo primero.
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