De niños problema a niños genio: especialista explica el desarrollo de aprendizaje en los menores

Los niños genio cuentan en sus cerebros con más de las llamadas células de soporte —encargadas de aportar nutrientes y oxígeno a las neuronas para que no mueran— que las presentes en un cerebro de personas inteligentes pero dentro de un estándar normal.
La actualidad de la economía en México —caída en los precios del petróleo y la incertidumbre en las relaciones con su principal socio comercial, Estados Unidos— ha obligado al país a voltear la mirada hacia diversas y nuevas formas para acumular riqueza y crecer como nación.

Una apuesta obligada es la economía del conocimiento, en la que un componente fundamental está en el talento humano, y en cuanto al manejo de la población de sobredotados —estimada en un millón de niños— se refiere, el país aún dista de hacer un buen papel.

Por Armando Bonilla

Ciudad de México. 19 de septiembre de 2017 (Agencia Informativa Conacyt/SinEmbargo).- “No se junten con el burro”, esas fueron las palabras que Emiliano Romero Beltrán escuchó en más de una ocasión de su maestra cuando cursaba apenas el primer año del nivel primaria. La docente recurría a esa etiqueta de manera constante ante la supuesta “rebeldía” del menor, al cual no lograba hacer que respetara las reglas disciplinarias del salón de clases.

No, Emiliano no era el “burro” del salón por sus malas calificaciones o por deficiencias en su capacidad de aprendizaje, por el contrario, era tildado erróneamente así porque se distraía fácilmente, porque no socializaba como el resto de los niños y porque cuestionaba de manera poco habitual a la maestra. En resumen, era el “burro del salón” porque aprendía más rápido que los demás.

Aprendía más rápido y después de ver algún tema y dominarlo —inconscientemente—, se sentía frustrado por no avanzar hacia nuevo conocimiento y tener que esperar a que su maestra repasara una y otra vez el mismo tema con el resto de los compañeros. En consecuencia, se aburría, se distraía, distraía a otros compañeros y cuestionaba a la profesora, sencillamente perdía el interés y se le acusaba de indisciplinado.

“A mí me regañaban mucho porque no ponía mucha atención en las clases, pero era porque me aburría eso, los temas que veíamos me parecían muy básicos y por eso yo no ponía atención a la maestra y ella me regañaba. Eso hacía que no tuviera muchos amigos, mi manera de ser y la propia maestra me hacían ver como el más burro de la clase”, contó Emiliano Romero, quien cambió el modelo de educación tradicional por el modelo implementado en el Centro de Atención al Talento (Cedat).

Hoy en día, luego del trabajo que especialistas han realizado con el pequeño, el niño de tan solo siete años de edad entiende que su distracción era consecuencia de su frustración. “En la primaria me sentí muy aburrido, yo terminaba (los ejercicios) rápido y me quedaba con ganas de hacer más pero no podía porque debía ir al ritmo de mis compañeros, me sentía frustrado y no quería seguir haciendo lo mismo”.

¿QUÉ SUCEDE EN EL CERERO DE EMILIANO Y OTROS NIÑOS GENIOS?

De acuerdo con la neurocientífica y profesora investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Feggy Ostrosky, en los niños genio se ha documentado un hipermetabolismo, es decir, que consumen más oxígeno que el resto de las personas. Asimismo, sus cerebros cuentan con más de las llamadas células de soporte —encargadas de aportar nutrientes y oxígeno a las neuronas para que no mueran— que las presentes en un cerebro de personas inteligentes pero dentro de un estándar normal.

A través de un documental, la especialista explica que en el cerebro humano, al nacer, se registran fenómenos progresivos y regresivos; los primeros son aquellos donde las neuronas se conectan unas con otras a través del proceso de aprendizaje, mientras que los segundos son una suerte de ‘poda neuronal’, es decir, la muerte de las neuronas, fenómeno que tiene lugar en los tres primeros años de vida y en una segunda etapa durante la adolescencia.

Lo anterior es relevante porque en los niños genio o sobredotados la ‘poda’ es de baja escala, lo cual significa una mayor cantidad de neuronas en la corteza cerebral. Al respecto, otros especialistas, como el doctor Andrew Almazán Anaya, director del Departamento de Psicología e Investigación del Cedat, señalan que ese potencial extra, si es cultivado, permite el desarrollo de una mayor inteligencia, mientras que si no es detectado y estimulado, deriva en pérdida de inteligencia.

AL RESCATE DE LA INTELIGENCIA

Al cursar su tercer año de primaria, a Rodrigo Romero no le quedaba más que andar por las instalaciones de la escuela. Una de las tantas veces que el niño salía del aula lo hacía para sentarse solitariamente en algún pasillo de la escuela o para jugar con los gatitos que por ahí deambulaban también, y otras tantas para visitar a un laboratorista e incluso al director de la escuela, con quienes pasaba el tiempo platicando de diversos temas de ciencias.

El caso de Rodrigo —quien es hermano de Emiliano— es muy similar, pues también se sabe subestimado, entiende que su mente no es retada lo suficiente como para mantener toda su atención en las clases, se distrae con facilidad y cuestiona a su maestra, quien aparentemente rebasada en su autoridad por el pequeño, lo alienta a dejar el aula pidiéndole que salga del salón si es que no pondrá atención.

“En ocasiones yo iba a la escuela con todas las ganas de entrar a clase, pero me desesperaba muy rápidamente porque la maestra nos ponía a hacer cosas que yo ya había visto, eso era porque un tema nos llevaba entre cuatro y cinco clases y yo habitualmente lo aprendía desde la primera lección”.

Consecuencia de ello, el menor se distraía, ante lo cual la maestra le pedía ir al ritmo de sus compañeros, incluso le llegó a decir que o detenía su ritmo o que mejor se fuera del salón. “Alguna vez me advirtió que si no resolvía un ejercicio —que no me había enseñado— me castigaría sin recreo y me haría un reporte; no obstante, yo lo respondí gracias a que lo había visto por mi cuenta al adelantar lecciones en los libros”.

De acuerdo con Diana Sifuentes Becerril, psicóloga adscrita al Centro de Investigación y Servicios de Educación Especial (CISEE) de la UNAM, responsable de realizar pruebas para diagnosticar sobredotación en los niños que llegan a través de diversos convenios con asociaciones especializadas en sobredotación o canalizados por escuelas donde los niños presentan problemas de conducta, es habitual que los maestros de niveles básicos (primaria y secundaria) confundan esta capacidad con otros problemas.

La especialista relató que ello deriva en problemas emocionales para los pequeños quienes, además de ser diagnosticados, en el CISEE son intervenidos. “El primer paso es realizarles una entrevista para identificar su estado emocional y anímico, es decir, para evaluar su salud mental y posteriormente se les aplica un test de inteligencia. A partir de ello, cuando diagnosticamos sobredotación, trabajamos en borrar la etiqueta y hacerlos entender que las escalas de medición de esta capacidad son muy rígidas y que ellos deben trabajar para desarrollar su intelecto”.

La también investigadora aseguró que en cuanto al CISEE se refiere, una parte importante del trabajo emocional se dirige a los padres, quienes en la mayoría de los casos llegan más afectados que los niños, con niveles de estrés muy elevados que, de manera inconsciente e involuntaria, transmiten a sus hijos.

El investigador Andrew Almazán considera que esa falta de capacidad de los docentes y maestros para detectar posibles casos de sobredotación genera la pérdida de ese conocimiento, el cual, en su experiencia, en algunos casos se puede recuperar, aunque no al mismo nivel que se tenía originalmente.

“Un niño sobredotado en una escuela tradicional, con el tiempo se va dañando emocionalmente, además de que su inteligencia se pierde por falta de uso, ya que el cerebro funciona como un músculo que si no se ejercita se pierde. Por ello lo más importante es que los maestros aprendan a identificar el perfil de niños con posible sobredotación y lo canalicen a instituciones especializadas”.

El especialista, que cuenta con condiciones de sobredotación, considera que aun cuando el escenario ideal consiste en diagnosticar a los niños a temprana edad, también se puede rescatar la inteligencia de aquellos pequeños a los que se les detecta la condición un poco más grandes.

“Cuando un niño llega a los 10 o 12 años, se puede seguir atendiendo pero se vuelve un poco más complicado porque ya llega con algunos vicios propios del sistema educativo tradicional o incluso con problemas de depresión (…) Recordemos que con el paso del tiempo, la inteligencia va modificando su desarrollo, ser sobredotado —que es algo genético— no garantiza que el niño lo siga siendo en algún test, se puede perder por falta de uso, de hecho, eso es lo que ha provocado que México pierda tanto talento”.

En ese contexto, la propuesta concreta del doctor Andrew Almazán radica en la integración a sistemas de educación diferenciada a los niños con sobredotación, educación como la que se imparte en el Cedat, pero antes de hablar de ello, afirma que se debe profundizar en el perfil del niño sobredotado con el propósito de que los docentes lo tengan presente e identifiquen mejor los posibles casos a su cargo.

Foto: Agencia Conacyt.

PERFIL DE UN SOBREDOTADO

De acuerdo con Andrew Almazán, quien lleva varios años elaborando el perfil del niño sobredotado, existen características muy particulares que podrían ayudar a los docentes a identificar posibles casos.

De hecho, el doctor Almazán reveló parte de su estudio a través del artículo “El verdadero rostro del niño genio”, publicado en la revista Ciencia y Desarrollo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en el cual da cuenta de las características básicas para realizar una “presunción diagnóstica” —que no reemplaza al diagnóstico de pruebas, pero sí es un paso previo—, mismas que derivaron del estudio y análisis del comportamiento de más de tres mil casos de niños sobredotados ya evaluados en México.

El artículo publicado por el doctor Andrew Almazán detalla que, para elaborar dicho perfil, se consideraron tres tipos de características en los sobredotados: las innatas, es decir, las que se desarrollan sin importar el entorno; las adquiridas en sociedad, aquellas que derivan de la intervención de terceros, y las físicas, que no son otra cosa que las asociadas con su mayor inteligencia.

Consecuencia de ello se determinó que las principales características innatas son su rápido aprendizaje, la hiperactividad, la sensibilidad emocional, la distracción y el gusto por armar objetos, además de la predisposición a entablar conversación con personas mayores.

Al describir las características que derivan de la interacción de estos pequeños con la sociedad, el documento explica que estos pequeños no siempre son estudiantes de excelencia, sobre todo en los niveles básicos de educación (preescolar, primaria y secundaria); asimismo, que se hartan del sistema educativo, no les gusta responder los exámenes y que sencillamente no se encuentran motivados para mejorar sus calificaciones.

En el último apartado documentado, las características físicas, el texto señala que en 73 por ciento de los casos, se trata de niños que nacieron por cesárea, la cual está asociada a complicaciones con el cordón umbilical, mismo que se les enredó debido a su hiperactividad prenatal; de igual forma, que registran mayor talla y peso que el promedio de los niños, mayor talla cerebral —medido en el perímetro craneal.

“Con tres mil casos describimos cómo son los sobredotados en México y de ahí partimos para definir cómo vamos a tratarlos. De acuerdo con el estudio, los también llamados ‘niños genio’ son hiperactivos, aprenden más rápido que el promedio, se distraen fácilmente debido a que sus sentidos son hipersensibles, se aburren porque la escuela les queda corta; con el estímulo adecuado, aprenden a leer y escribir entre los tres y cuatro años, aprenden con facilidad álgebra y algunos temas de cálculo y habitualmente son tachados de niños problema por temas relacionados con su mala disciplina”.

MI HIJO ES SOBREDOTADO, ¿Y AHORA QUÉ HAGO?

Hablando de sobredotación, la cuesta arriba para los padres no inicia cuando al menor se le diagnostica esa condición, sino cuando los niños ingresan a la escuela y comienzan las constantes quejas sobre el desempeño de sus hijos en la escuela, en la mayoría de los casos, estas quejas son relacionadas con su comportamiento, más que con su aprendizaje.

No obstante, la psicóloga Diana Sifuentes precisa que cuando existe la condición de sobredotación, no necesariamente coexiste con las buenas calificaciones, por el contrario, el bajo desempeño (cualitativo) se encuentra presente en muchos de los niños y ello obedece a que la calificación está asociada a su comportamiento e incluso, en muchas ocasiones, a la falta de empatía con los maestros.

Pero tratar de entender y corregir la actitud de sus hijos no es el único mal, pues los padres se enfrentan a los daños colaterales como la poca habilidad que la mayoría de los niños sobredotados encuentra para relacionarse con otros menores, y el panorama se torna más sombrío al comenzar el trato con especialistas —psicólogos y maestros— porque en muchas ocasiones confunden los síntomas de sobredotación con los asociados al déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o el síndrome de Asperger.

Esos posibles diagnósticos, que bien podrían parecer el último trago amargo para los padres del sobredotado, son en realidad solo la antesala del camino, pues el estrés deriva también de las pocas posibilidades de atención —educación diferenciada— con que se cuenta en México, situación que representa uno de sus mayores retos a lo largo de todo el camino formativo de un niño genio.

“Cuando mi hijo tenía cuatro años, teníamos una cantidad enorme de problemas porque no estaba bien en la escuela (…) Cuando se enfrentó al sistema educativo donde tenía que estar sentado con las manos atrás, pues obviamente tuvo problemas, entonces nos llamaron y nos pidieron que realizáramos unas baterías psicopedagógicas y el resultado fue sobredotación intelectual e hiperactividad”, relató el doctor Asdrúbal Almazán, padre del hoy doctor Andrew Almazán Anaya.

Recordó que una vez que se dio el diagnóstico, la recomendación fue un tratamiento psiquiátrico acompañado de medicamentos para dejar tranquilo al niño, ante lo cual se dio a la tarea de buscar otras opciones que permitieran aprovechar al menor todo su potencial; no obstante, con el transcurrir del tiempo y después de buscar las mejores opciones, se dio cuenta que no había una adecuada, una opción especializada en la atención en pequeños con sobredotación.

“Revisamos la literatura, buscamos artículos y nos dimos cuenta que en realidad no había nada en México (…) Ante ello, mi esposa y yo comenzamos a estudiar, giramos nuestras carreras hacia la educación ya que se trataba precisamente de la educación de nuestros hijos, sobre todo por Andrew que estuvo de los cuatro a los nueve años en un sistema tradicional padeciendo la falta de comprensión de los maestros y de sus compañeros, hasta que él pidió no asistir más a la escuela”.

La siguiente parada en el camino para el doctor Asdrúbal y el entonces pequeño Andrew fue buscar opciones educativas fuera del país, la opción fue una serie de sistemas americanos (en Phoenix) que le permitieron avanzar en tan solo dos años, la primaria, secundaria y bachillerato. “Esta situación, le permitió ingresar a la edad de 12 años a la universidad en dos carreras simultáneas”.

A partir de ese momento, de manera informal los padres de Andrew se dieron a la tarea de asesorar a todas aquellas personas que se les acercaban para preguntarles sobre su experiencia con Andrew, quien a la edad de 16 años concluyó la carrera de psicología. “Cuando él concluye la carrera de psicología decidimos fundar el Cedat y a partir de entonces damos atención a los niños sobredotados ya de manera formal y sobre todo especializada”.

El camino fue un tanto similar para Fermín Romero, padre de Rodrigo y Emiliano; no obstante, este ya encontró en el Cedat una opción para librar las adversidades que representa el sistema educativo tradicional.

“Honestamente, muy al principio no nos dimos cuenta (de la sobredotación de nuestros hijos) y eso fue quizás una falla nuestra como padres de familia, pero así fue como las circunstancias se fueron dando. Ellos estudiaban en el Liceo Franco Mexicano, Rodrigo hasta tercer año y Emiliano solo el primero y los dos fueron víctimas de bullying”.

Los hijos de Fermín tuvieron que lidiar con ese tipo de situaciones hasta que el director de la escuela lo citó para decirle que sus hijos excedían el promedio del resto de los alumnos y debían buscar otra escuela, una institución especial. Fue así como llegaron al Cedat, donde se les oferta un sistema de educación diferenciada, la cual, sin embargo, no tiene validez oficial por lo que los menores, cuando están listos y desean acelerar su educación, como en su momento hizo Andrew Almazán, deben acreditar las materias ante el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Foto: Agencia Conacyt.

RETOS DEL SISTEMA EDUCATIVO MEXICANO

A la edad de nueve años, el caso de Carlos Santamaría, considerado con altas capacidades cognitivas, saltó a la fama cuando se reveló que concluyó un diplomado en la Facultad de Química de la UNAM; sin embargo, haber demostrado sus capacidades a esa edad concluyendo un diplomado con éxito en la máxima casa de estudios no le aseguró al menor las posibilidades para aprovechar al máximo su potencial acelerando su educación, ello pese a que dicha posibilidad está contemplada en la Ley General de Educación.

El artículo 41 de dicha Ley versa: “La educación especial tiene como propósito identificar, prevenir y eliminar las barreras que limitan el aprendizaje y la participación plena y efectiva en la sociedad de las personas con discapacidad, con dificultades severas de aprendizaje, de conducta o comunicación, así como de aquellas con aptitudes sobresalientes. Atenderá a los educandos de manera adecuada a sus propias condiciones, estilos y ritmos de aprendizaje, en un contexto educativo incluyente, que se debe basar en los principios de respeto, equidad, no discriminación, igualdad sustantiva y perspectiva de género”.

En el mismo artículo se estipula que: “Para la identificación y atención educativa de los estudiantes con aptitudes sobresalientes, la autoridad educativa federal, con base en sus facultades y la disponibilidad presupuestal, establecerá los lineamientos para la evaluación diagnóstica, los modelos pedagógicos y los mecanismos de acreditación y certificación necesarios en los niveles de educación básica, educación normal, así como la media superior y superior en ámbito de su competencia”.

Pese a ello, luego de cursar su diplomado en la UNAM, el pequeño Carlos no ha encontrado una oportunidad sólida para aprovechar al máximo su potencial. A decir de su padre, Fabián Santamaría, el principal problema para Carlos ha sido la mentalidad de las personas al frente de las instituciones educativas, quienes en ocasiones desconocen los alcances de la ley en favor de la educación en niños con sobredotación.

El padre del menor relató que después de su diplomado, Carlos tuvo una oportunidad como oyente en clases de álgebra avanzada y más adelante se dio la oportunidad de ingresar al Centro de Ciencias Genómicas (CCG) de la UNAM en Cuernavaca; no obstante, las cosas no salieron como el menor y su familia esperaban.

“Luego de unos meses en el centro y tras solicitar una reunión con las autoridades para saber cómo estaba evolucionando Carlos, sorpresivamente recibí una gran cantidad de quejas en contra de mi hijo, de las cuales ninguna fue comprobada. Para mí, el tema nunca pasó por un problema académico, aparentemente lo que sucedió es que las autoridades no estaban en condiciones de cumplir lo que habían prometido para Carlos”.

El argumento que en ese momento se les dio fue que Carlos no había cumplido con el requisito de la primaria y secundaria; sin embargo, tampoco se les ofreció una alternativa, ante lo cual el menor, quien hoy en día cuenta con 11 años de edad, debió abandonar el centro.

En la búsqueda de nuevas alternativas para Carlos, Fabián Santamaría acudió a la Cámara de Diputados en búsqueda de apoyo y gracias a eso se logró un acuerdo para que el menor presentara ante el INEA exámenes parciales que le permitieran acreditar la primaria y la secundaria.

“Nos apoyaron a través del INEA, lo cual tampoco creo sea lo más adecuado, que un niño con sobredotación se acredite como un adulto, ya que la metodología, la experiencia de vida, es totalmente diferente entre uno y otro, por ello me parece totalmente inadecuado, pero bueno, fue la opción que se presentó, Carlos la tomó y ello permitió que actualmente estudie la prepa online”.

Lamentablemente, la falta de opciones concretas para el menor lo llevaron a presentar un examen para la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos, el cual aprobó y le abre las puertas a uno de los mejores programas para niños sobredotados en aquel país y que al mismo tiempo el niño, más adelante, engrose las estadísticas de la llamada fuga de cerebros.

LOS INCIPIENTES PERO SÓLIDOS PASOS EN FAVOR DE LOS NIÑOS SOBREDOTADOS

Aun cuando pareciera que no existen todavía esfuerzos concretos para apoyar a los niños sobredotados y encaminarlos en favor de México, lo cierto es que sí hay algunas opciones como el Cedat donde aprenden a través de un sistema de educación diferenciada, que básicamente se enfoca en detonar en ellos el conocimiento con los temas que les resultan de mayor interés; no obstante, en este caso, una dificultad son las elevadas cuotas que se deben cubrir.

Un esfuerzo emprendido desde el sector gobierno es el que se materializa a través del Centro de Reclutamiento de Nuevos Talentos del Instituto Nacional de Ecología (Inecol), que si bien no es exclusivo para niños sobredotados, sí es una opción, pues su objetivo es encaminar hacia las disciplinas científicas a aquellos menores que a temprana edad manifiestan interés por la investigación.

Al respecto, la doctora Andrea Farías Escalera, coordinadora del centro, explicó que el objetivo principal del lugar radica en fomentar el interés hacia las carreras científicas y de desarrollo tecnológico en niños y jóvenes a través de un programa enfocado en la población de Veracruz y Michoacán.

“El centro se piensa como una actividad extraescolar en el que convocamos a jóvenes exparticipantes de un programa previo (estancias de tres días con investigadores) para que se integren a este, donde trabajarán a lo largo de cuatro meses en proyectos científicos multidisciplinarios, es decir, se integra el conocimiento de varias disciplinas en un solo proyecto que busca dar respuesta a un problema o a un reto”.

Al trabajo del Centro de Reclutamiento le siguen los esfuerzos de Fundación Caso, ente que surge desde la iniciativa privada y que está dirigido exclusivamente a niños con sobredotación. Liliana García, presidenta y fundadora de Caso, dijo que nacen tras el diagnóstico de uno de sus hijos con sobredotación, lo cual derivó en la reunión con otros padres con hijos en la misma condición.

“Nos empezamos a reunir con la intención de encontrar formas para apoyarlos con sus capacidades sobresalientes, queríamos encontrar formas para que las aprovecharan mejor. Nos encontrábamos todos, en ese momento, ante el problema de que nuestros hijos no podían estar en un aula porque se inquietaban con facilidad y eran tildados de niños problema”.

Para Liliana García, la alternativa se dio a través de la creación de la Fundación, ya que en ella concretaron un programa de apoyo que básicamente consiste en identificar las problemáticas específicas de cada uno de los menores que acude a ellos para delinear estrategias de atención que implementan en colaboración con las otras partes involucradas.

“Por ejemplo, si los niños tienen problemas educativos, acudimos a sus escuelas y trazamos estrategias directamente con sus maestros, en sus salones (…) Por el momento, no operamos como centro sino que apoyamos en la inclusión social para que este tipo de niños pueda seguir en sus mismas escuelas, pero potencializando sus estudios tanto en la escuela como en sus casas”.

El trabajo incluye una serie de talleres a los maestros, para que el ambiente sea adaptado y enriquecido a favor del niño. Asimismo, la asociación cuenta con un programa de tamizajes para identificar más casos de sobredotación en las escuelas, ya que un problema para este segmento de la población radica en eso, en que no han sido diagnosticados o se les ha diagnosticado erróneamente con TDAH y el síndrome de Asperger.

LA SOBREDOTACIÓN Y SU POTENCIAL PARA EL DESARROLLO ECONÓMICO DEL PAÍS

Con el enfoque planteado anteriormente, la doctora María Elena Labastida, en colaboración con el doctor Andrew Almazán, realiza un proyecto de investigación para determinar el impacto económico que podrían tener los niños sobredotados en México.

Especializada en temas de emprendimiento juvenil, la doctora, que se desempeña como profesora investigadora en el Centro de Alta Dirección y Negocios de la Universidad Anáhuac México, se ha dado a la tarea de documentar la relación entre los niños sobredotados y la economía mexicana.

Será este año (2017) cuando se publiquen en una revista científica los resultados del estudio que trabaja en colaboración con el doctor Andrew Almazán, el cual ya fue presentado en un congreso en Dinamarca durante 2015. De dicho estudio se desprende que el potencial de los emprendedores sobredotados es mucho mayor que el del resto de la población, sobre todo si se trata de negocios innovadores.

“Realizamos un estudio llamado La Riqueza Cognitiva de las Naciones que será publicado este año. Analizamos a niños de 80 países divididos en dos clases, aquellos con un coeficiente intelectual elevado y otros con inteligencia promedio que se han aventurado a emprender un negocio; entre los resultados más relevantes, se encuentra que aquellos con mayor coeficiente intelectual contribuyen con 63 por ciento a la innovación en las llamadas disciplinas STEAM, es decir, ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas”.

Asimismo, el trabajo de investigación que se realizó con base en un sistema de ecuaciones estructurales, arrojó que los emprendedores con sobredotación contribuyen con 53 por ciento a las habilidades como emprendedores, es decir, aceptan más el riesgo, tienen mayor disponibilidad a iniciar un negocio y son sumamente innovadores al lanzar un producto.

“Algo que observamos gracias a nuestro modelo con ecuaciones estructurales, fue que las habilidades como emprendedores donde los sobredotados contribuían mayormente representaban 71 por ciento de la riqueza económica, mientras que la innovación en STEAM contribuía solo en 13 por ciento. En consecuencia, fue muy llamativo para nosotros porque nos dimos cuenta que son realmente los sobredotados quienes contribuyen a fortalecer la economía de un país”.

¿POR QUÉ VOLTEAR HACIA LOS NIÑOS SOBREDOTADOS?

La actualidad de la economía en México —caída en los precios del petróleo y la incertidumbre en las relaciones con su principal socio comercial, Estados Unidos— ha obligado al país a voltear la mirada hacia diversas y nuevas formas para acumular riqueza y crecer como nación.

Una apuesta obligada es la economía del conocimiento, en la que un componente fundamental está en el talento humano, y en cuanto al manejo de la población de sobredotados —estimada en un millón de niños— se refiere, el país aún dista de hacer un buen papel.

Por el contrario, la realidad para esa población minoritaria tiene tintes de desatención aun cuando su potencial para hacer crecer al país (económica, social e intelectualmente) es demasiado grande. Incluso, esa falta de estrategia, directrices y hasta sensibilidad hacia ellos, es el primer paso a la llamada fuga de cerebros que tanto ha perjudicado a México.

Foto: Agencia Conacyt.

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