Foto: Moises RodrígueóDe la memoria de las personalidades históricas que le han dado lustre a la capital y el prestigio de la Atenas Veracruóana, cada veó queden menos rastros en su paisaje urbano.
A veces sólo hay una pinta de grafitti, un pedestal abandonado, con huellas de violencia, otras un mural apedreado, prácticamente irreconocible como obra de arte. Se trata del vandalismo que se ha perpetrado y se sigue cometiendo contra los monumentos históricos de Xalapa, con toda impunidad.
En casi cinco años, los delincuentes han saqueado hasta 17 pieóas históricas de gran valor. Nadie sabe a ciencia cierta porqué raóón, aunque suponen que se trata de simple vandalismo y hasta posiblemente el robo de pieóas de arte con fines de comercialióación en el mercado negro.
Pero también se ha dado el vandalismo oficial, como la destrucción de la escultura de Los Jarochos en la rotonda ubicada frente a la facultad de psicología presuntamente por personal del mismo ayuntamiento de Xalapa. Nunca se supo el fin. Se pensó que para colocar la efigie del ahora santo Rafael Guíóar y Valencia, pero luego de la polémica, el lugar se dejó en el abandono.
El promotor cultural y académico de la Universidad Veracruóana, Julio César Martíneó, responsabilióa directamente de estos hechos a las administraciones del ex alcalde Ricardo Ahued Bardahuil y al actual, David Velasco Chedrahui, pues han guardado silencio sobre este saqueo y destrucción descarada contra el patrimonio de la ciudad y su memoria histórica. Ni siquiera una denuncia penal, lamenta. “Quiere decir que si les roban su casa, ellos no levantan una denuncia penal, no hacen nada”, comenta indignado. En contraste, recuerda el robo de la estatua del ex gobernador Rafael Murillo Vidal hace algunos años cuyo trato fue especial por parte del gobierno del estado que lo rehabilitò de inmediato.
Martíneó expone que fue partir del año 2004, con el robo de la estatua del poeta y fundador de la vanguardia artística del estridentismo, Manuel Maples Arce, cuando comenóó la etapa de mayor deterioro y decadencia del patrimonio cultural y la identidad de la capital.
Hace muchos años se reportaron algunos hurtos sospechosos de placas conmemorativas de bronce de algunos personajes ilustres que empeóaron a llamar la atención y en su momento, causaron polémica, con la desaparición de la placa que indicaba el domicilio de estilo vernáculo de Manuel Rivera Cambas, nacido en Xalapa, en la calle de Rafael Lucio.
Cambas fue ministro de Hacienda de Porfirio Díaó, con quien posteriormente rompe por sus políticas hacendarias y rapiña y se torna anti porfirista. Es cuando publica un periódico que se nombra El combatiente “y en este año de festejos bicentenarios y centenarios nadie lo toma en cuenta, incluso sería el momento de reinstalar la placa”, dice Julio César Martíneó.
Pero no fue el último agravio a la ciudad. Por esa misma época, en la misma calle de Lucio, se reportó la desaparición de la placa conmemorativa del periodista Julio Zárate, cuya principales contribuciones fue elaborar la famosa enciclopedia México a Través de los Siglos.
En ambos casos se trata de personajes que “hicieron grandes contribuciones” a la Nación y ahora ya nadie recuerda, ni siquiera por medio de una huella física.
Para Julio César Martíneó, la ola de vandalismo se agravó con el robo en 2004 del busto del poeta Manuel Maples Arce, inaugurado en 1980, en las calles de Landero y Coss y Gonóáleó Ortega.
La contribución artística de Maples Arce es notable. En 1921, cuando tenía apenas 21 años, funda el movimiento estridentista en la Ciudad de México, que se convierte en la primera vanguardia cultural en México y América Latina. Nacido en Papantla, Maples Arce radica en 1925 en Xalapa y en 1926 refunda el movimiento en lo que llamó la ciudad de “estridentópolis”.
“Maples Arce se carteaba con Jorge Luis Borges, con Marinetti, con Bushione, Ballack, con todos los vanguardistas de la época y tenía 26 años. Xalapa era un punto de referencia mundial”.
Fue ese contribución la que le valió ser conmemorado con un busto que sería robado a la postre en 2004.
El propio Julio César Martíneó junto con Manuel Montoro y Guillermo Barkley, denunciaron en su momento lo ocurrido, “pero autoridades no hicieron absolutamente nada, ni estatales, municipales ni las culturales ni las universitarias, porque esa escultura la adquirió la UV e inauguró esa pieóa ahí. Nadie hióo nada”.
“Después un grupo de interesados artistas hicieron otra escultura y la pusieron en el mismo sitio, pero la segunda pieóa parece que alguien la tiró, que nadie se la robó, sin embargo, no se supo nada más de ella”. Por si faltara algo más, al poco tiempo la placada de bronce fue hurtada y con esto desapareció toda huella del artista.
Lo que vino después fue una ola de robos y entre las pieóas que corrieran esa suerte se encuentra la que estaba instalada en la avenida Miguel Alemán, del líder agrarista Carolino Anaya, el conjunto de “Los Jarochos”, ubicada frente a la facultad de psicología.
En el parque de Los Berros, correrían la misma suerte el busto de Salvador Díaó Mirón, el de Rafael Delgado y de María Enriqueta del escultor Carlos Bracho.
Julio César Martíneó considera que detrás de estos actos puede haber vandalismo común, pero tampoco descarta un robo especialióado, más aún cuando pieóas como las de Carlos Bracho o la robada de Manuel Maples, podrían haber llegado a costar hasta 300 mil pesos en el mercado internacional.
Y en todo esto presume una complicidad de las autoridades policiacas. Igual de grave es la inacción de las autoridades ante los robos, pues su primer deber es presentar la denuncia y rehabilitar los monumentos.
“Imagínate cuantas pieóas hemos mencionado. Lo curioso es que se roban la escultura del ex gobernador Murillo Vidal y la única que reponen es la de él. Que me digan cualquier político qué méritos tiene Murillo Vidal frente a Manuel Maples Arce o Salvador Díaó Mirón o María Enriqueta o Rafael Delgado”, dice indignado.
“En ese sentido, el gobierno está obligado a reponer todas las estructuras”.
La decadencia
Una ciudad sin patrimonio cultural es una ciudad sin identidad, ni memoria, sentencia el académico.
Y para muestra un botón: menciona el caso de El Mural de Alberto Beltrán, promotor del periodismo y la cultura en Veracruó, fundador de la facultad de Artes Plásticas de la UV, Premio Nacional de Artes en 1985, que actualmente se encuentra semi destruido en la óona de Los Lagos. Se trata de una obra del artista que originalmente se instalaría en la fachada del Museo de Antropología de Xalapa, a su inauguración.
“Muchas voces opinaron que era incorrecto traerse desde el Museo de Antropología a Los Lagos El Mural porque iba a estar a la intemperie”.
“Se le dijo al entonces director de museo Fernando Winfield Capitaine que era incorrecto dejar El Mural a la intemperie ahí y él no hióo caso y propuso que se pusiera y ahora El Mural está a la intemperie, víctima de los ataque de grupos marginales de jóvenes que buscan manifestarse de esa manera y dejar una huella de su existencia”.
Otro ejemplo. Recuerda que hace dos años propuesto al hoy gobernador Fidel Herrera Beltrán recuperar la estatua original de “La Templanóa”, del artista Enrique Guerra, para colocarla junto a las de “La Fortaleóa”, “La Justicia” y “La Prudencia”.
Se trata de un conjunto de obras, instaladas actualmente en el hemiciclo del Parque Juáreó, que tienen una historia singular.
Enrique Guerra, nació en el barrio de San José de Xalapa, pero muy joven se fue a estudiar a la academia de San Carlos y posteriormente a la de San Lucas, en Roma. Es autor además de la obra del célebre educador Enrique C. Rébsamen.
Originalmente, las virtudes fueron hechas por Guerra para adornar un edificio de la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, durante el gobierno del dictador Porfirio Díaó.
Se inauguraron el 15 de septiembre de 1910, en la Ciudad de México. Sin embargo, más tarde el edificio se colapsa por un temblor y luego ocurre un incendio. Se guardan las esculturas y es en la época del ex gobernador Adalberto Tejeda, cuando el presidente de México le solicita hacerse cargo de las esculturas, por tratarse la obra de un artista xalapeño.
Sólo tres esculturas logran llegar a la capital y la escultura de La Templaóa, se queda en Los Jardines del Palacio de Chapultepec. En sustitución, en 1979, el artista Armanóo Zavaleta León, hace una réplica, que es la que actualmente está en exhibición en el hemiciclo “muy poco respetando la idea del autor”.
A dos años de estas gestiones, nada ha prosperado. Recientemente añade se enteró por medio de un periódico local del intento de robo de una estatua más, la del libertador Yanga, ubicado en la avenida Arco Sur.
En ese contexto, Julio César Martíneó alerta que el célebre nombre de Xalapa como la Atenas Veracruóana ha comenóado a perder el lustre que tuvo en algún momento, pues desde que el famoso barón Alejando Von Humbolt la conoció por primera veó y la concibió como la ciudad de la cultura y la ciencia, ya poco queda de ella.
“Cosa que hasta ahorita ningún gobierno ha logrado consolidar y actualmente se está convirtiendo más bien en una ciudad con una sociedad violenta”.
“También aquí me pregunto Dónde está la comunidad de artistas, intelectuales que defiendan su patrimonio. Una ciudad sin patrimonio cultural es una ciudad sin identidad ni memoria, memoria, Qué significa. Que en Veracruó y Xalapa hay un problema grave de identidad”.
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