Las tablas de don Pancho/La ciencia desde el Macuiltépetl

Plumas Libres
- en Opinión

-Lo diré sólo una vez y no lo repetiré- advirtió el profe Malacates al escaso público que lo escuchaba: Chon Tepochas, media cuchara de albañil, y Sidronio Vital, plomero de oficio. Un poco más allá, Carmelo, el cantinero, escuchaba de refilón.

-La ciencia no es cosa fácil si tienes poco entendimiento, aunque el compa Mané, hoy ausente, sostiene que sí es posible hacer llegar el conocimiento científico a todo tipo de público; llegando al extremo de afirmar que hasta un analfabeta como el Chon puede entender qué es la ciencia si ésta se le muestra en una forma sencilla, fácil de entender. Cosa que no refuto, pero se me hace muy difícil. Y eso que me gradué, con cinco doctorados y veinte diplomados, de las muy populares Academias Gansito S.A.  de 4T.

-¡Por favor detenga su inútil discurso, distinguido y estimado profesor!- exclama Mané, quien en esos momentos entraba a la cantina.

-Permítanme echarme un trago, compañebrios, para inspirarme y explicar por qué digo lo que digo- continúa Mané al momento que con una seña pide a Carmelo su dosis inicial de bacalao sin espinas.

-Cómo ustedes saben en los últimos años me he dedicado a investigar en un campo conocido cómo Análisis Formal de Conceptos, área que enlaza la lógica formal, la teoría matemática de retículos, la teoría de grafos y la inteligencia artificial. Con tan buenos resultados que hasta desarrollé un algoritmo al que denominé Galois 3, y he publicado algunos articulillos y expuesto mis resultados en congresos, dirigido tesis sobre el susodicho tema, etcétera.

Pero más que engrandecer mi ego habiendo alcanzado tan altas metas, comparto con ustedes la emoción de haberme enterado que mi trabajo tiene profundas raíces en la historia de la ciencia. Está emparentado con las investigaciones científico-filosóficas emprendidas por Pancho Tocino, es decir Francis Bacon. Dije su nombre en castellano para que el Chon me entienda y se motive a estudiar inglés.

Pues bien, Bacon fue un británico quien  en 1573, a la edad de trece años, ingresó en el Trinity College de Cambridge , institución en la que cursó estudios hasta 1576. Su investigación en diversas ciencias lo llevó a la conclusión de que los métodos empleados y los resultados obtenidos no se correspondían y eran erróneos.

Uno de sus principales méritos, a mi juicio, es haber valorado justamente el enorme potencial que la naciente ciencia moderna poseía. Para comenzar afirmó y demostró que “la ciencia es poder”, no solamente en la dimensión social, sino sobre todo porque da al hombre instrumentos para el control de la naturaleza, aludiendo a los productos  que de ella podían obtenerse mediante la aplicación de técnicas derivadas del conocimiento científico.         Bacon llevó a la práctica sus ideas y fue creador, por ejemplo, de varios métodos que aún perduran –ya evolucionados- en la práctica científica actual. Y aquí viene lo bueno, queridos comparsas; Don Pancho ideó un método para iniciar cualquier investigación, que esencialmente consistía en una enumeración de los atributos del fenómeno estudiado, considerados relevantes y pertinentes para la investigación en curso.

Propuso  lo que denominó tablas de semejanzas y diferencias, en las cuáles además de la enumeración de los atributos relevantes, éstas contenían también un listado de fenómenos parecidos al estudiado para desentrañar cuáles eran realmente los atributos definitorios del fenómeno investigado. A partir de estas tablas, Bacon desarrolló técnicas para extraer de aquéllas conceptos teóricos en forma totalmente mecánica; es decir, en forma de lo que hoy día llamamos algoritmo.

En los renglones de dichas tablas se enlistaban los objetos o fenómenos a investigar. Y las columnas correspondían a los atributos considerados. Se formaba así una cuadrícula, en la cual cada cuadro correspondía a la pertenencia de algún atributo a un objeto. Por ejemplo, si el objeto A poseía el atributo X entonces el cuadro correspondiente era marcado con un signo específico, digamos el número 1. Si no era así, entonces el cuadro correspondiente era marcado con un signo diferente, digamos el número 0. Por ejemplo, si se estaban comparando una piedra, un pez, una hormiga y un primate, en la columna correspondiente al atributo “ser vivo” correspondería un 1 a los tres últimos objetos, y un 0 a la piedra; y en la columna del atributo “vive en agua” solamente al pez correspondería el 1 y a todos los demás un 0. Entonces terminaríamos con una tabla de 1´s y 0´s, la cual en términos contemporáneos llamamos una tabla binaria.

Y para mi sorpresa, ese es precisamente el punto de partida –la base de datos- del que parte el análisis formal de conceptos, recibiendo la denominación más sofisticada de “contexto conceptual”, pues constituye el marco de dónde se extraerán conceptos, presentados gráficamente en lo que se conoce como un retículo mostrando un orden jerárquico entre los mismos.       Para que mejor me entiendas estimado Chon, se podría hacer una tabla de diferencias y semejanzas comparándote con Conchita, a quien le traes ganas,  considerando atributos como obesidad, adicción al alcohol, gustar del cine y otros. En la tabla comparativa a Conchita le correspondería un 0 en cuanto al primer atributo y a ti un 1 pues estás bien panzón; en cuanto a “adicción” tú sin duda mereces el 1 y Conchita un 0. Por el contrario, a Conchita le gusta ir al cine (1) y a ti no (0), lo cual te resta posibilidades de hacerla con ella, pues nunca la has invitado  al cine.

Mi poderoso algoritmo podría concluir, a partir de la tabla de semejanzas y diferencias, si Conchita y tú formarían una feliz pareja o sí, por el contrario, son muy disparejos como para arrejuntarse.

Por último, les diré que don Pancho solía decir que  no es lo mismo cultivar la ciencia, que crearla

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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