Sororidad, pacto entre mujeres… una realidad

-en Entre Mujeres

Shuemy Pérez/Testigo Púrpura

“La primera vez que le escribí, ella se enojó y la entiendo. Nadie quiere recibir un mensaje de la ex novia, más si le dices que su novio es un agresor y le espera un infierno a lado de él”, contó Arely a quien se le cambió el nombre para proteger su identidad.

Lo que ella hizo es un ejemplo de sororidad: la unión, hermandad y solidaridad entre mujeres para crear redes de apoyos según el diccionario de la lengua española; el objetivo de Arely era evitar que otra mujer sufriera violencia en el noviazgo.

Hace seis años Arely empezó a salir con un chico, su primer novio. Los primeros meses fueron alegres, pero poco a poco los insultos y la violencia se hicieron presentes.

“¡No te pongas esa ropa!, ¿por qué le hablas a ese tipo?, no le hables a estas personas porque me caen mal, ¡jamás vas a encontrar a alguien que te acepte como yo! ¡Estás enferma, gorda y fea!”. Los moretones empezaron a notarse en sus brazos, piernas y espalda.

“Por culpa de él caí en depresión y se agudizó con mi problema de autoestima pues empecé a cortarme los brazos y las piernas, no estaba feliz con mi cuerpo por lo que él me decía”, narró.

Un día, cuando Arely tocó fondo, decidió terminar con él y cortar todo contacto. Lo bloqueó de sus redes sociales, cambió de número telefónico e incluso de lugar donde vivía; tuvo que dejar atrás todo y sólo quedarse con su libertad y la seguridad de que no volvería a sufrir.

Después de dos años lejos de casa, y sin contacto con él, se enteró que estaba saliendo con una chica que ella conocía, desde la preparatoria.

Ella sabía que sufriría así que optó por escribirle, pero fue ignorada.

“Meses después de haberle escrito, un conocido me contó que le hizo lo mismo que a mí; volví a ponerme en contacto con ella, la dañó, la hizo trizas, le dijo que ningún otro hombre la iba a querer por estar usada, por ser tan fácil. Yo le di mi apoyo, yo pasé por eso y sé que no es fácil sentirte abusada, maltratada así que la apoyé de muchas formas, le dije que fuera a terapias, eso funcionó en mí y le dije que no permitiera que alguien la lastimara de esa forma. Ya había tenido suficiente”, contó.

Un pacto de sororidad

La palabra sororidad fue usada por primera vez en Francia en el siglo XVI, proviene del latín soror (hermana); en los setentas fue adoptada  feministas estadounidenses que la tradujeron como sisterhood o sorority con la que buscaban englobar la idea de apoyo entre mujeres con un mismo objetivo; en español fue utilizada por Marcela Lagarde y de los Ríos, feminista y antropóloga mexicana quien la utilizó ante las problemáticas de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.

“Es un pacto entre mujeres para apoyarnos mutuamente, este pacto puede ser incluso político. En el quehacer diario podemos verlo: se puede ser sororas entre conocidas, entre desconocidas, en el ambiente laboral y familiar y dependerá de cada quien en qué forma pactar o ejercer la sororidad”, señaló Kari Hernández García, integrante de la Colectiva Colmena Verde.

“Hay varias formas de mostrarlo, desde el hecho de dejar de criticar el cómo luce la otra para respetar su decisión de vestir o lucir tal prenda, el dejar de insultarnos o colocarnos apodos ofensivos sólo por no coincidir en tal opinión, hasta hacer pactos sororos para lograr objetivos específicos como plantear estrategias que nos beneficien a todas”, añadió.

Arely y su ahora amiga Nancy (nombre también modificado) no son las únicas mujeres que han sufrido violencia en el noviazgo. De las mujeres (19.1 millones) en el país que han enfrentado violencia por parte de novio o esposo, a lo largo de su relación de pareja, el 64% de los casos se trata de violencia severa y muy severa, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares.

Encontrar la libertad al ayudar

Las agresiones más experimentadas por las mujeres son las de carácter emocional. El 40.1% ha vivido insultos, amenazas, humillaciones y otras ofensas de tipo psicológico o emocional.

Veracruz se encuentra entre las 18 entidades con la prevalencia más altas en una, dos, tres o los cuatro tipos de violencia (física, sexual, emocional y económica), destacando por la violencia física y sexual.

Nancy también terminó esa relación llena de abusos, se alejó de él, tuvo el apoyo de su familia y gracias a los consejos de Arely ella pudo seguir adelante. Ahora es licenciada en derecho, según palabras de Arely “ella ahora sabe qué es lo que tiene que hacer, ella ya conoce sus derechos”.

“Después de escribir y hablar con ella me sentí más libre. Ya no espero que un hombre sea lo primordial en mi vida, claro que busco amor, pero amor del correcto. Ahora sólo quiero que las mujeres se den cuenta del valor que tienen por el simple hecho de ser mujeres y que pueden aspirar a más si se lo proponen”, aseguró.

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