Violencia con signo de pesos

Si vives con tu pareja y no aporta nada para el gasto de la casa, sufres de violencia económica, denúncialo y sal de ahí porque después te golpeará
-en Opinión

Por: Shuemy Pérez

“Nunca me dio dinero”, comentó Esther con voz desilusionada, luego de ser cuestionada si el padre de su hijo, quien fue su pareja y verdugo por más de 25 años, la apoyaba económicamente.

La familia de su pareja a veces la ayudaba, pero no con mucho y a cambio, ella tenía que cuidar de su hijo, de dos sobrinas y un sobrino más; era el costo que ella pagaba para tener dónde dormir y qué comer. La situación que vivió Esther es un ejemplo de violencia económica.

La violencia económica es una forma de control de los recursos económicos, suele darse en una relación afectiva. Se muestra a través de la falta de libertad que el agresor ofrece a la víctima en la realización de gastos necesarios para cubrir sus necesidades. También puede darse en el caso que la mujer sea la que aporte el dinero y el hombre sea el que lo administre.

El Instituto Veracruzano de la Mujer (IVM) la define como la acción u omisión de la persona agresora que afecta la supervivencia económica de la víctima; se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso. Aunque también lo es así obtener un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro laboral y el no reconocimiento de la paternidad y/o el incumplimiento de las obligaciones.

“Limpiaba, nos daba de comer, nos iba a traer a la escuela, nos bañaba, nos cuidaba, lavaba todo y eso que eran tres casas las que tenía que mantener impecables y a pesar de siempre estar al pie del cañón en todas las tareas domésticas mi tío la golpeaba. Incluso no recuerdo que él le diera dinero, mi tía siempre buscaba la manera de conseguirlo, a veces se iba a la tienda de una señora y ahí se ganaba algo de dinero, pero si mi tío se enteraba le quitaba el dinero y lo ocupaba para tomar”, dijo Guadalupe, sobrina de Esther, cuyos nombres fueron modificados para guardar su identidad.

La psicóloga Lorena Redondo Delgado, integrante del Sistema Estatal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, atribuyó este comportamiento a un condicionamiento sociocultural.

“Vivimos en una cultura machista y hay ciertos valores o creencias que asumimos como si fueran la verdad y que no nos cuestionamos”, indicó.

Aseguró que el machismo que se vive impone los roles de géneros, lo que hace que las personas no cuestionen o se den cuenta que están sufriendo una violencia.

“Básicamente nos hace creer desde que nacemos, que el rol del proveedor, la figura de autoridad, de fortaleza, de capacidad intelectual, incluso para resolver problemas importantes de la vida es de los hombres, y bajo estas creencias, a la mujer se le considera incapaz o inferior, aunque no se lo digan con esas palabras tan textuales, finalmente la manera en la que educamos a los hombres y a las mujeres, giran alrededor de eso (…) la sociedad y la cultura nos educan y nos condicionan que, de niños, a través de los papás es mi primera referencia de cómo voy a ser hombre o mujer”, afirmó.

Según el ‘Diagnóstico sobre la Violencia de Género contra las Mujeres en el Estado de Veracruz. Análisis y Evidencias a partir del Banco Estatal de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres’ (BANESVIM), publicada en noviembre de 2018, se registraron 7 mil 653 eventos de violencia contra mujeres, en donde mil 323 mujeres refirieron haber sufrido violencia económica (17.37%) y 909 fueron objeto de violencia económica y física (11.94%) en un mismo evento.

Pensé que era bueno, pero después se empezó a portar mal. Vivía ahí porque yo no tenía a dónde ir. Si estuviera mi mamá yo me hubiera ido con mi mamá, o mi papá, pero no tenía otro lugar y luego mi hijo buscaba mucho para allá, cuando nos íbamos regresábamos porque mi hijo buscaba mucho allá, no sé si buscaba a su papá”, contó Esther.

“Decía que todo era de él, que nosotros (su hijo y ella) no teníamos nada, cosas muy feas (les decía). Incluso cuando nos enfermábamos nos decía yo no sé cómo le hacen ustedes porque yo tengo mi doctor. Nunca tuve apoyo de él”. El miedo se le escucha en la voz, no quiere extenderse porque le duele recordar.

La abogada María Adriana Fuentes Manzo, integrante del Colectivo Equifonía, explicó que las personas todavía siguen pensando que, si se les restringen los apoyos económicos, como la manutención, es porque no cuentan con el dinero suficiente.

Las mujeres lo justifican y no lo consideramos como grave. En el Estado de Veracruz no tenemos un código familiar, es mucho de la interpretación de las y los jueces familiares, pero hay de donde, hay otros sustentos, está la Constitución, están los tratados internacionales, está también la jurisprudencia y principios de derechos que hacen una interpretación y, en un momento dado, proteger a las partes. Cuando hay un concubinato, los jueces o las juezas pueden hacer una interpretación de las partes y pueden reconocer el que pueda generarse una mayor protección tanto económica como patrimonial”, expresó.

Esther, de 57 años, justifica que, su ahora ex pareja, se haya portado así a causa del alcohol o como una actitud normal. “Él es así”, expresó en reiteradas ocasiones. Ahora vive con su hijo, su nuera y su nieto, en un pequeño cuarto, porque su ex pareja los corrió de lo que ella consideraba era su casa.

“Hace unas semanas mi papá me dijo que me fuera buscando donde vivir con mi mamá y mi hijo y mi esposa, porque no sé qué la va hacer a las casas, me dolió que nos hiciera esas cosas”, dijo Raúl, hijo de Esther.

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