Sabía quién lo quería muerto/ Tras Telón/Jorge A. González

Formado por García Luna, la presidencia no ve con buenos ojos a Omar Hamid García Harfuch, Claudia Sheinbaum insiste en sostenerlo ¿hasta cuándo?
- en Opinión
El viernes 26 de junio será recordado como el día en que un cartel estuvo a punto de eliminar a un funcionario de seguridad pública de alto nivel.
El presidente de México dijo -después del hecho- que lo que sucedió es producto del trabajo conjunto en busca de la seguridad y la paz de los mexicanos.
Pero resulta que el ataque fue para el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (CDMX), Omar García Harfuch, quien sobrevivió a más de 100 detonaciones.
Como decían los gobernadores del bloque opositor al Ejecutivo Federal: la seguridad del país no debe politizarse.
A pesar de que el hecho ocurrió en el territorio de la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum; ya escuchamos el dicho recurrente del Presidente en sus declaraciones, que el atentado es parte del trabajo de seguridad nacional.
Hoy se sabe que el grupo criminal iba por un objetivo que se vio frustrado, pero ya que el Ejecutivo Federal está haciendo “caravana con sombrero ajeno”, debemos reconocer que indirectamente el hecho es una afrenta clara y directa al Estado Mexicano.
No es más que un aviso de lo que puede hacer el segundo cartel más importante en México, después del Cartel del Golfo.
Aunque no lograron su objetivo, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) sigue intacto, sólo perdió a un elemento, José Armando Briseño de los Santos “El Vaca”, presunto autor intelectual del ataque al funcionario y jefe de sicarios del cartel.
La estrategia del cartel fue prudente, subcontrataron a sicarios de diversos estados y hasta un colombiano para ejecutar la emboscada.
Algunos elementos externos a la célula delictiva, según las últimas investigaciones de la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, ya fueron detenidos, en total 20 personas involucradas en el plan.
Creo que cuando ellos decidan hacer el trabajo, con su propia gente, seguramente no habrá tanta suerte para las autoridades de seguridad.
Días antes, el Presidente dijo que ellos, para combatir la violencia no daban palos de ciego, no le pegan al avispero; obviamente en alusión al expresidente Felipe Calderón.
Con su tono de superioridad y supuesto conocimiento del tema, dijo que “es más importante la inteligencia que la fuerza”.
Y como vimos hoy, los carteles han evolucionado, se han actualizado y modernizado, y poseen esas dos cualidades que subraya el Ejecutivo Federal: inteligencia y fuerza.
Mientras que el Estado manifiesta su postura  con discursos de paz y trabajo de inteligencia, el crimen organizado continúa avanzando, tan así que se matan por las plazas y dominio. 
Se criticó mucho al ex presidente Felipe Calderón de su intención de atacar de manera frontal al crimen organizado, estrategia que reprobaron porque murieron miles de civiles inocentes.
Bueno, hoy, con una política de paz e inteligencia la violencia es cada vez más recurrente, la pregunta es:
¿Qué otras estrategias existen para someter a los carteles de la droga?
Ya se han probado tres tipos de estrategias para responder ante los carteles de la droga desde la política de seguridad nacional, todos sin éxito alguno.
1.-El pacto con el crimen organizado que por años sostuvieron los gobiernos del PRI, y que generó el crecimiento de estos grupos que hoy son imparables.
2.-El combate abierto con las fuerzas del Estado Mexicano, emprendida por el expresidente Felipe Calderón, una guerra contra el crimen organizado estando en medio de la línea de fuego el pueblo mismo. 
3.-Y la estrategia de Andrés Manuel López Obrador, con inteligencia y menos fuerza. Que, a dos años, hemos visto poca inteligencia, nula fuerza y el crecimiento exponencial de los carteles en territorio nacional. 
Ninguna de las tres estrategias ha dado resultados, con este hecho, nos queda claro que desde hace varios años, el crimen organizado ha rebasado en su totalidad la capacidad de respuesta del Estado Mexicano.
En medio de la presión mediática, el día del atentado, vimos a una mujer flaquita, de voz bajita y suave quien ofrecía una rueda de prensa; detrás de ella un militar, puesto ahí como figura de seguridad.
Se trataba de Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la CDMX, quien en realidad estaba sola y descobijada políticamente hablando. Ningún político de alto nivel del gobierno federal se apersonó ahí para darle siquiera apoyo moral. 
Sólo se le hizo llegar un mensaje escueto y lejano de apoyo del Presidente mientras realizaba actividades propias de su agenda.
Por la noche, el Ejecutivo Federal presumió por segunda vez que lo ocurrido con el ataque se debió a que su gobierno está haciendo las cosas bien en materia de seguridad.
El alejamiento entre Claudia Sheinbaum y AMLO es cada vez más evidente, y la pandemia lo puso al descubierto, al tomar ella sus propias medidas de sanidad y consultar a sus propios expertos. 
Esta hipótesis da sentido a un dato que se ha comentado de manera extraoficial, información clasificada que el funcionario Omar García Harfuch desconocía.
Después del atentado, Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) ante las circunstancias se vio obligado a revelar que el Consejo de Seguridad Nacional sabía que existían tres amenazas a funcionarios públicos de alto rango:
A Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores (por extradiciones delincuenciales).
Santiago Nieto, jefe de la Unidad Inteligencia Financiera, por congelar cuentas relacionadas con el crimen organizado.
Y el propio Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, por no permitir el avance del cartel en la CDMX, luego de hacer diversas detenciones relacionadas con el narcotráfico y la pelea por la plaza.
García Harfuch sin saber de las tres amenazas, desde que le llegaron las primeras balas a su camioneta blindada supo quién lo quería muerto, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Incluso en su momento, el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro le propuso ser el secretario de seguridad de su estado natal, su respuesta textual fue:
“Me gustaría ir allá y crear una nueva policía, pero sé que allá estaría más expuesto porque es la tierra del CJNG, y yo sé que El Mencho no me quiere por los golpes que le hemos dado y la persecución en su contra”.
Por esta razón, poco antes de entrar al quirófano, García Harfuch twitteo quién había sido el responsable del atentado en su contra.
 Y aún así, ante lo ocurrido, Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) a nivel nacional, afirmó en rueda de presa que ningún cartel se atrevería a enfrentar a las fuerzas del estado.
Ante estas declaraciones, creo que no se debe subestimar el alcance de estos carteles, y hay un ejemplo muy pertinente para poner en contexto, el terror que causó en Colombia el narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria.
La lectura de todos los analistas políticos coincide en que en realidad se trató de un atentado contra el Estado Mexicano y contra la seguridad de los mexicanos, al haber dos escoltas fallecidos, una civil muerta, una más que está grave y un herido.
Y sin duda se trata de la primera prueba para medir la fortaleza o debilidad del Presidente Andrés Manuel López Obrador en el tema de la lucha contra el narcotráfico en México.
Porque en política y seguridad pública, para toda acción debe existir una reacción rápida y acertada, en este caso no se ha hecho nada extraordinario.
Hasta ahora esa reacción que espera el país la vemos a la velocidad con la que habla el mandatario federal: muy lenta.
Porque para un atentado de alto nivel, los discursos no detienen carteles, balas ni salvan vidas.
Los pésames a las familias de los fallecidos, las condecoraciones, las ceremonias, los héroes y los reconocimientos, todo eso es “politiquería”, como dice el mandatario.
Para que AMLO demuestre que está a la cabeza de un Estado poderoso, donde nada está por encima de la ley y el orden, justamente debe de comenzar por aplicar esas dos premisas: Ley y Orden.
Y para lograrlo, el Ejecutivo Federal debe de actuar con capacidad, contundencia y resultados en materia de seguridad.
Su silencio, su respuesta nula y su discurso alentador no convence ante este hecho cobarde que estremeció a los mexicanos.
Lo expresado por AMLO no llena esa provocación que indignó al país y a la clase política. No puede quedar como un hecho fortuito. 
El Presidente que habla mucho y hace poco debe dar un manotazo, y con verdadera inteligencia, trastocar los intereses de estos carteles.
Si tiene miedo, si no quiere aplicar la política de Calderón de afrontar con todo el aparato de la defensa Nacional, le queda un viejo y último recurso: pactar con el crimen organizado.
Si para él la paz es no hacer nada y dejar que el crimen organizado haga todo lo que quiera, el país nunca será seguro para nadie.
Poner en riesgo la vida de los mexicanos es para AMLO, la excusa perfecta y vendible con la que dejó ir a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo Guzmán.
Él mismo aceptó haber dado la orden de dejarlo libre, después de que todo su poderío con unidades y armas de alto poder tenía prácticamente rodeado el perímetro aquél día
Entonces la paz que busca el Presidente no es genuina, no es verdadera, honesta y sincera, su actitud es preocupante.
Quien busca la paz va a combatir lo que nos hace infelices, lo que genera violencia y lo que causa muertes, es resolver la problemática de fondo.
Su búsqueda de seguridad en México por su actitud tranquila, despreocupada y hasta desinteresada nos lleva a una conclusión.
Que su política apunta a la permisión, a la permisión oficial, y la permisión es complicidad y pacto; hecho mismo que está fuera de la ley.
Nos leemos hasta la próxima.

Comentarios

  1. Creo que a este columnista le gana su filia política, Alfonso Durazno, lo que dijo es que ningún Cartel es más fuerte que el estado, pir otro lado, pide respuesta inmediata, en esta Ocasión capturaron primero 12 en el mismo momento y ya llegaron a 20,que mencione que presidente tuvo una reacción más efectiva.

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