Musas mensajeras: las matemáticas del Covid

- en Opinión

Primera parte

No te preocupes cariño, no estoy delirando. Es que las musas me roban el sueño; anoche me visitaron, susurrándome al oído hermosas canciones compuestas matemáticamente. Creyendo que soy un modesto jilguerillo a sueldo, me mostraron un pizarrón desbordado de ecuaciones y fórmulas, indicándome que con éstas vistiera –como Dios me diera a entender- la dinámica de la propagación del Covid19. Y que luego las exhibiera en la plaza principal cual mesías de la fe científica.

De inmediato puse manos a la obra, pues sé bien lo que me espera en caso de no hacer  caso a mis queridas musas de la raqueta y el pastel. Por menos que eso martirizaron a San Dionisio. Como dice mi compadre Andrés, comencemos por el comienzo.

El comienzo es el brote de la infección en la ciudad de Wuhan, China. El paciente cero, dicen los epidemiólogos. Y de ese enfermo el contagio del Covid19 empezó a propagarse con  rapidez increíble, en comparación con otras cepas de coronavirus ya conocidas. En forma tal que en unas cuantas semanas se había propagado por el mundo entero.

Aquí nos interesa platicar del caso México a manera de ejemplo de la forma en que  se   aborda el problema desde el punto de vista matemático. Tomando como base los datos oficiales que se reportan diariamente. (https://coronavirus.gob.mx/datos/)

Confiabilidad de las pruebas clínicas

En el tipo de pruebas clínicas como la aplicada para la confirmación de que un paciente en efecto está infectado por el virus, tiene que contar con un alto índice de confiabilidad, que asegura que la prueba en efecto mide lo que se supone mide. Para el efecto hay que comparar con lo medido en el mismo individuo por diversos grupos médicos empleando distintos equipos pero siguiendo el mismo protocolo. Aplicándose este procedimiento en un grupo compuesto por un número dado de sospechosos de estar infectados. Todo este proceso coadyuvado por una estricta metodología estadística.

Validez de pruebas clínicas

La validez de una prueba se define como la propiedad de ésta de medir con precisión lo que pretende medir. En el  caso la prueba covid19 se trata medir la precisión con que clasifica a los pacientes en confirmados, sospechosos, negativos  y activos. Las que  interesan más porque afectan el conteo de confirmados acumulados diariamente, son las categorías de confirmados y negativos. Pues en estos casos siempre aparecen casos de falsos positivos (aquellos que se reportan como confirmados y en realidad no los son); y casos de falsos negativos (aquellos que se reportan como negativos y en realidad son positivos). Estas cifras deben emplearse para ajustar el conteo y deben ser conocidas públicamente. Las mismas deben registrarse e informarse a la COFEPRIS al término de la fase experimental de la prueba pues son parámetros de los que depende la aprobación o no del procedimiento  clínico presentado parra su empleo generalizado.

A lo anterior habrá que añadir el sub conteo debido al bajo número de pruebas aplicadas entre la población abierta, lo cual ha sido reconocido por el propio doctor López Gatell,  quien incluso propuso multiplicar por ocho la cifra reportada de confirmados acumuladas para tener una mejor aproximación a la realidad. A los pocos días, tal vez por los otros datos de su patroncito se  retractó, públicamente y con gran incomodidad, de lo que antes había afirmado. Posiblemente por esa y otras imprecisiones y contradicciones en que incurren frecuentemente López Gatell y sus colaboradores. Siendo una de las más patentes y graves es que lo que las gráficas que ellos presentan, contradicen lo que ellos describen y concluyen. El ejemplo la curva puntiaguda que supuestamente predecía la evolución del número de infectados; afirmando Gatell que una vez alcanzado el máximo no se pensara que la epidemia iba descender, tal como la curva mostraba (¡!).

Corregir este tipo de sub conteo es realmente sencillo, basta con tomar una muestra aleatoria estratificada por entidad federativa, grupos de  edad, medios urbano y rural, etcétera. El INEGI podría auxiliar pues cuentan con  los  medios para hacerlo en forma rápida y expedita pues las diseñan, aplican y analizan cotidianamente. Con una muestra representativa, así como la descrita, no sería necesario aplicarla sobre toda la población abierta sino sobre una pequeña porción de ésta, asegurando buenos parámetros de confiabilidad y precisión. ¿Por qué no se hace?

La forma desaliñada, imprecisa  y contradictoria en que se presentan datos y gráficas confunden al público y despiertan sospechas de una manipulación y maquillaje de los mismos, por órdenes del supremo, quien da su visto bueno, y las  respectivas “recomendaciones” a todo lo que sus subordinados  comunican. Seguramente lo han visto de pie y con la expresión severa de un padre vigilante de su hijito no la vaya a regar en el festejo escolar. Siempre tras su lacayo, con el oído atento.

Con un manejo así de los datos, además de confundir a la ciudadanía, se usan con fines de manipulación política, según mi opinión.

En una próxima entrega presentaré la errónea forma, según mi modesto entender, de ajustar curvilíneas funciones a los datos con fines predictivos sobre la dinámica de propagación de los contagios.

(A ver si mis musas no se agitan por la espera.)

 

 

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