El enemigo no es Trump… está en casa

Un gabinete caro, que no da resultados junto con un presidente dedicado a los negocios.. estos son el verdadero enemigos del país..
Un gabinete caro, que no da resultados junto con un presidente dedicado a los negocios.. estos son el verdadero enemigos del país..
“[El tema del muro] es una gran oportunidad, donde nuevamente podemos buscar la complementariedad de las dos economías [Es decisión de Estados Unidos construir el muro;] en lo que no estamos de acuerdo es en pagarlo, pero sí podríamos, con la complementación de nuestras economías, pues venderles los productos que son más económicos, mano de obra, y que ellos pusieran el cemento, que allá es bastante más económico que en México, y construir un muro barato, que nos conviniera a ambas partes; pero por supuesto, no pagarlo. Podríamos ayudarlos a construirlo, y a venderle productos competitivos.”
(Enrique Solana Sentíes, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo; entrevista concedida a Patricia Janiot, CNN en Español, 27 de enero de 2017)
La asunción del racista Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha producido un peculiar reacomodo en la geopolítica internacional: los que están con el imperialista y los que no. Podría pensarse de inmediato que esto no es raro, más bien, algo harto conocido, pues los países satélites siempre se han alineado con el imperio estadounidense; sea para combatir el nazismo, el comunismo, el “eje del mal” (Irak, Irán, y Corea del Norte), la Cuba de Fidel, Bin Laden, el Estado Islámico, y demás demonios que le han causado indigestión. Todo, en aras de la libertad, la paz, y otros clichés muy bien vendidos por el vecino del norte.
Pero en esta ocasión no se hace referencia al imperio, sino al imperialista. No al tradicional ímpetu gringo por imponer una visión del mundo, ofertándola como la mejor, sino a la muy sui generis perspectiva de un psicópata quien, en forma retrógrada y patológica, en menos de diez días ha desatado una serie de reacciones planetarias encontradas, que van del total extrañamiento al total abrazamiento. De lo primero y lo segundo, ahí están los propios ciudadanos de ese país; unos, manifestando en los espacios públicos rechazo a su aberrante presidente, mientras que otros, poniendo en práctica su ejemplo: maltratando con insultos o golpes a quien no es “como ellos”.
Ahí está igualmente el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, celebrando la construcción del muro en la frontera con México. “Gran idea”, dijo ese impresentable. Pero también hemos de nombrar al mandatario francés, François Hollande, quien, en conferencia conjunta con la primera ministra alemana Ángela Merkel, declaró que la administración trumpista presenta desafíos, tanto en lo referente a reglas comerciales como a los conflictos en el mundo, y ha reparado en la necesidad, “dado que fue elegido por los estadounidenses como su presidente”, de entablar diálogo con el inquilino de la Casa Blanca, pero desde el punto de vista, y defendiendo los intereses y valores, de Europa. En el extremo (pues ambas naciones siempre han ido de la mano), la primera ministra de Inglaterra, Theresa May, se ha pronunciado “en desacuerdo” con la prohibición del magnate a la recepción de refugiados y viajeros procedentes de varios países musulmanes.
En el escenario que más nos interesa, el doméstico, las reacciones han sido variopintas. Empezando por un presidente mexicano rebasado, incapaz de actuar de manera proactiva, sino siempre reactiva y muy, pero muy tarde (la opción de posicionarse como líder del Sur, rechazando firmemente tanto las agresiones de Trump como el pretendido encuentro del 31 de enero en Washington, se fueron por el caño con un simple “twit” madrugador que vino del norte). Siguiendo por un legislativo y un cuerpo de gobernadores (la Conago) oportunistas, que hacen llamados formar un frente común con Enrique Peña Nieto cuando que ello debiera hacerse con México y con el pueblo. Y son doblemente oportunistas por cuanto quieren montarse en el carro del patriotismo desgarrador frente al “extraño enemigo”, a la vez que hacer olvidar que la mayoría, con sus actos en contra del interés general, como el gasolinazo y otras linduras, han sido los principales causantes de la desgracia nacional.
Y qué decir de esa clase empresarial que prefiere llevarse los mejores productos nacionales a Estados Unidos porque allá le son pagados en dólares, y que se pone contenta cuando por cada dólar se pagan acá más pesitos, pues así aumenta su riqueza en esta maltratada nación. Y ¿a cambio de qué? De la incrementada pobreza de la mayoría. Porque si hay tantos paisanos en “al otro lado” no es precisamente por gusto: es porque, en el propio, el Estado no les brindó las alternativas, las condiciones, de desarrollo y de mejor calidad de vida, a través de políticas públicas y medidas que fomentaran el empleo, la educación, la certeza jurídica, la salud, y tantas necesidades esenciales que requiere una sociedad que se precie de democrática.
En efecto, salvo contadas excepciones, se tiene una clase política y una elite empresarial desnacionalizada. Sirva la perla de Enrique Solana Sentíes, quien en referencia al muro declaró lo que declaró, como se cita al inicio. Ese mismo personaje que, en diciembre de 2014, por razón de las manifestaciones de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de la normal rural de Ayotzinapa, a manos de fuerzas del Estado mexicano, tuvo la indecencia de reprochar a los dolientes e indignados padres su actitud. En ese entonces, Solana Sentíes afirmó que la desaparición de los estudiantes no justificaba el reclamo; por ello, exigió al gobierno “dar vuelta a la página, como se ha hecho con otras tragedias en el país, igual que el terremoto de 1985”, porque, “No se puede seguir con los bloqueos y las movilizaciones que perturban la actividad económica de la población”. No cabe duda, el enemigo no es Donald Trump.
Con todo, si al poder político y la elite empresarial importa tanto México, pues que pasen del discurso a acciones concretas; que generen las condiciones necesarias para un verdadero despegue al desarrollo nacional… si no, mejor háganse a un lado. Por cierto, Ernesto Zedillo Ponce de León (¿se acuerda usted de él? Ajá, fue presidente) opinó en The Washington Post (27 de enero) que el Tratado de Libre Comercio ha sido un buen instrumento, pero apenas una de las varias herramientas de las que dispone México para su crecimiento y desarrollo. Esta vez, coincido. Basta de hacer tanto caso a las amenazas de Trump, que de él se encargará él mismo. Concentrémonos en nosotros, reflexionemos en nuestras fortalezas y debilidades; abramos los ojos y reconozcamos que, finalmente, hay oportunidades más allá de Estados Unidos.

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