La verdad, ¿te hace daño?/La ciencia desde el Macuiltépetl

Plumas Libres
- en Opinión

Me dices que no encuentras sentido alguno en mi interés por los números aleatorios. Pero sigo en mi empeño de mostrarte que estos números son tan bellos como un poema, o como una obra de Dalí.

Decir que los números aleatorios son  bellos es afirmar que encierran asombrosas verdades y, como bien sabes, la verdad y la belleza se asemejan pues ambas son sorprendentes y terribles a la vez. Y la belleza de los números aleatorios consiste en que su representación no sólo es infinita sino, que no existen repeticiones de sucesiones de cifras. En otras palabras, cada cifra que lo compone es única en el sentido que no es posible predecir cuál será, digamos, el dígito que ocupa la posición 123,240 del número. O cualquier otra posición en la representación del número, a menos que se calculen de una en una. Cada cifra es una sorpresa.

Pon atención: el número Pi es un número aleatorio y, para algunos matemáticos, es el más aleatorio de todos los números, lo cual significa que contiene todas las posibles sucesiones de cualquier longitud de números imaginables.

Dice David Orden que es probable que hayas visto una imagen que anda por ahí diciendo que los decimales de Pi contienen cualquier información que haya existido o pueda existir. Quizá te preguntes si es cierto y la verdad es que para el número Pi no se puede asegurar, porque está relacionado con un problema matemático aún sin resolver.

Audazmente podría concluirse que Pi en efecto encierra toda la historia del universo, desde su origen hasta su extinción. No son pocos los matemáticos y otros científicos que se interesan por tan aburrido tema, planteándose que si la aseveración anterior fuera cierta, el universo sería computable y se vería cumplido el sueño de Laplace, quien sostenía que si hubiese una mente tan potente que pudiera disponer de las ecuaciones que rigen el devenir del mundo, y las condiciones iniciales dadas en el origen del universo, entonces esta mente sería capaz de ver todo el pasado, presente y futuro. Al día de hoy, algunos científicos se empeñan en elaborar lo que llaman la teoría del todo. Stephen Hawking incluso llega al extremo de afirmar que existe una sola ecuación -aún la busca- que resumiría toda la descripción del mundo.

Otros hombres de ciencia, más modestos que Hawking, aplican los conceptos de aleatoreidad, complejidad y computabilidad –estrechamente vinculados entre sí- a dominios limitados de la realidad.  Gregory Chaitin propone que los conceptos de vida y evolución pueden definirse a partir de  los conceptos de aleatoreidad y computabilidad. Producto de sus investigaciones ha publicado numerosos artículos y libros sobre el tema, destacando el muy recomendable: Matematizando a Darwin.

Adentrarse por estos senderos multifurcantes es todo un reto y pueden encontrarse verdades no muy agradables, terribles: un solo número encierra potencialmente todo lo que puede conocerse y decirse sobre el universo, incluyendo la historia y destino de nuestras propias vidas.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

 

 

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