La extracción minera y sus consecuencias/La ciencia desde el Macuiltépetl

Alto Lucero/Fotover
- en Opinión

El Proyecto Minero Caballo Blanco, con  una inversión de 50 millones de dólares que desea hacer la empresa Gold Group, a través de Minera Cardel S.A de C.V., dará ganancias  de más de mil millones dólares, por lo que es entendible la insistencia en llevar adelante el proyecto, a pesar del peligro que su operación entraña para el entorno natural y la vida humana. Como es sabido, estas empresas mineras tienen un negro historial, mismo que ha resultado en la prohibición de su operación en diversos países, entre los que se cuenta su mismo lugar de origen.

Particularmente dañina es la minería a cielo abierto, del tipo empleado en el proyecto Caballo Blanco.  La minería a cielo abierto demuele montañas enteras con 2 ó 3 grandes explosiones por día. En breves lapsos se forman descomunales cráteres de 6 kilómetros de largo, 2 a 4 de ancho y entre 3 y 5 de profundidad, mientras millones de toneladas de roca se trituran al tamaño de una pulgada, para luego lixiviarlas con grandes montos de variadas sustancias químicas, entre las que se cuentan el cianuro y el mercurio. Hay una brutal ruptura de los flujos subterráneos de agua, una contaminación indescriptible de los ríos, mientras montañas de lodos tóxicos se disuelven con las lluvias, envenenando regiones y poblaciones enteras.

Con este tipo de sobreexplotación, las mineras chocan frontalmente con comunidades, regiones o naciones y entonces recurren a la violencia abierta para imponer sus intereses monetarios, lo cual  ha sucedido ya en otras naciones –como Argentina- y en diversas regiones de México, como en San Juan Copala, Oaxaca, por mencionar sólo una. El proyecto Caballo Blanco podría permitir una producción de 100 mil onzas de oro por año a partir de 2012. La certeza que se tiene es que por cada tonelada de tierra hay 1.5 gramos de oro.

Recordemos que en México, los gobiernos neoliberales reformaron la Ley de Minas en 1992, 1995 y en 2005, y han aplicado políticas económicas que, de hecho, entregan nuestros minerales a empresas privadas, mexicanas o extranjeras. Desclasificaron los minerales estratégicos (con excepción del uranio), permitieron concesiones de estos materiales a las transnacionales (sobre todo canadienses), otorgaron concesiones de hasta 50 años (ampliables a 100) y mezclan concesiones de exploración y de explotación.

La extracción y procesamiento de minerales comprende una serie de acciones que producen significativos impactos ambientales negativos que perduran en el tiempo, mucho más allá de la duración de las operaciones de extracción de minerales. Todos los métodos de extracción minera producen algún grado de alteración a la comunidad y al ecosistema en su medio ambiente físico.

 

La historia y experiencia nos demuestra que para los habitantes de una región tener en sus tierras una mina no los ha llevado al progreso prometido, todo lo contrario; han sido un espejismo los supuestos beneficios para los pobladores, a pesar de que en muchos casos los funcionarios de gobierno aseguran que hay “oportunidades de negocios para todos; porque se requerirían de todos los servicios que la población del lugar puede brindar”.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve

 

 

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